Hola!
El perdón, te desestresa.
Sabemos que somos creaturas de Dios que nos hizo a su imagen y semejanza «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.» [Génesis 1. 27] ¿Será que nuestra mente y corazón podrían llegar a funcionar como funciona la esencia de Dios, que es el amor?
Pero, más allá del amor, otra inmensa capacidad de Dios, el perdón, cosa que también heredamos. Así, hay un paso más allá del amor que podemos dar: el perdón.
Amar a aquellos que nos conmueven, que coinciden con nosotros, que se parecen a nosotros es placentero, no es «un cuesta arriba.» El ejemplo clásico: una madre, un padre, miran a sus hijos a través del amor paternal… y sea lo que sea un hijo o haga lo que haga, los padres tienden a perdonar sus faltas, por el amor. Ahora, ¿qué nos pasa cuando el que hace afrenta contra nosotros, resulta que ni piensa como nosotros, no vive como nosotros, sino que es enemigo?
Ahí viene la prueba, pasar por el trago que el enemigo nos da: dolor, ofensa, etc y hacer un stop para: orar por el enemigo y pensar en perdonarle sería el acto más preciado que podríamos hacer por parecernos a nuestro Dios amoroso, ya será difícil, claro que será difícil… pero es lo más semejante al acto inicial de Dios hacia nosotros mismos.
No es en balde, aquella oración que Jesús deja plasmada en los Evangelios, dice en uno de sus versos:
– Perdónanos como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. ¡Uy!
El perdón es un acto voluntario, y muy sanador.
Resulta, que el mismo Dios que nos ha creado a su imagen, por supuesto que hizo nuestro cerebro, centro del organismo. A partir de ese órgano, puede funcionar el resto de los sistemas de nuestro cuerpo físico. Su funcionamiento, entre otros vericuetos bien complicados para nuestro entendimiento, es a partir de la actividad de los llamados neurotransmisores; esas sustancias bioquímicas que permiten comunicación de neurona a neurona facilitando la función del cerebro. Y, estas sustancias se elevan o merman según nuestra actitud en la vida: la oxitocina, endorfinas, serotonina, dopamina, el llamado «cuarteto de la felicidad» en el mundo de la psicología, determinan la regulación del placer, la calma, el alivio de dolor y hasta como nos vinculamos con los demás y con nosotros mismos (esa autoestima de la que tanto habla la psicología social).
Entonces, ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando perdonamos? ¡Ah! Cosa interesante.
Primero repasemos estos puntos: Existe un sistema de recompensa y motivación que se ejercita según logramos metas o cumplimos tareas, y cada paso consigue esa sensación gratificante que nos hace sentir satisfacción o felicidad. La dopamina a cargo del estado de ánimo y la estabilidad emocional va de la mano de la serotonina, y reduce la ansiedad o afán, por lo que promueve la calma. La oxitocina, intervine en la empatía, confianza y se activa con el contacto físico y relaciones sociales cercanas, ayuda a los lazos de apego. Y las endorfinas, son como bloqueadores del dolor, y el reír, bailar o hacer ejercicio físico hace que se liberen provocando un estado de bienestar en nuestro cuerpo.
Por otro lado: una zona en nuestro cerebro llamada Amigdala (aquí se cuece el miedo) nos prepara ante un estrés para responder, y si recuerdas un daño una y otra vez, el cerebro interpretará que el daño está sucediendo y todas las respuestas al estrés se activarán nuevamente, sigue el estado de alerta en el cerebro: se libera el cortisol, aumenta la adrenalina, es como que los músculos se preparan para defenderte y hasta la respiración se acelera: puro estrés negativo.
Si guardamos rencor, cambiamos la forma de reaccionar del cerebro, pues si regresamos a la herida con rabia, tristeza o resentimiento, estamos provocando que esas conexiones interneuronales se fortalezcan por la repetición, y permanecemos en estado de alerta continuamente. Es decir, reacciona de la misma manera el cerebro cada vez que remueves esa herida del pasado: estrés. Mermarán la oxitocina, las endorfinas, la serotonina y dopamina. Así, una herida del pasado, si lo permitimos, seguirá dañándonos tal como lo hizo en el pasado, la solución: el perdón.
Si elegimos perdonar: se re-escribe la respuesta, el cerebro no lo sigue interpretando como un evento injurioso a nuestro estado general, sino que desde la verdad y no desde el miedo se refuerzan nuevas conexiones, se fortalece el carácter, y se transforma la historia. Ese perdón no niega lo que pasó, pero hace que eso que pasó no te defina, y puedes entonces hoy soltar lo que te ataba y empezar un nuevo caminar en libertad. Dios diseñó el perdón como un acto de amor y también de liberación. *
«Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» [Colosenses 3. 12-13]

*basado en: Una voz pastoral para tu salud mental. Jhonatan Scheelelje. Psicólogo.
