Lunes 27/07/2026

Hola!

Una escena esclarecedora.

Jesús durante su ministerio constantemente mostró su misión, anunciando el evangelio y la cercanía del Reino. Reveló el Plan del Padre, siendo él mismo el medio para ello.

El pasaje en el Evangelio de Juan, capítulo 9 es sumamente esclarecedor para toda persona, es una fórmula para conocer y aceptar a Jesús. Es un resumen de quien es Jesús.

Lee detenidamente la narración; comienza con un encuentro físico, entre  Jesús y el hombre ciego. Primeramente surge una incógnita entre los que ya seguían a Jesús: «- Maestro, quién pecó: ¿éste o sus padres para que naciera ciego?»

Las personas generalmente necesitamos encontrar al responsable de la culpa de lo doloroso, sin embargo, Jesús les dijo que ni ese hombre ciego ni sus padres cometieron pecado, ¡no están pagando por algo que hicieron!, si no, que el dolor es una vía que Dios usa para manifestar sus obras. Así pues, Jesús se acerca y luego de un corto diálogo sana al ciego de nacimiento, ¡ese es el milagro! El dolor no es la retribución directa del pecado, el dolor no es un castigo, si no es un medio para mostrar la Gracia salvadora de Dios.

Más, el acto en sí mismo no fue simplemente que viera por primera vez esa persona que estuvo privada del sentido de la vista desde el nacimiento, se evidenció la obra creadora de Dios, de Jesús, que con sus propias manos hizo barro: igual describe Génesis que Dios con su Palabra ordenó toda la creación, ¡pero al Hombre lo creó con sus propias manos a su imagen y semejanza!

Jesús Cristo, ahora al darle vista al ciego de nacimiento está cumpliendo la misión por la que descendió de su lugar, cumple «las obras del que le ha enviado.» ¿Qué son esas obras? Pues, sanar, dar vida, dar salvación, rescatar de la muerte y sufrimiento a sus creaturas.

Ese gesto: hacer barro con sus propias manos y untarlo en los ojos del hombre, es un recordatorio deliberado sobre la creación del  primer hombre, nos disipa la duda de si Jesús estuvo ya desde la Creación (el Verbo). La sanación o instauración de la vista a uno que nació ciego (no es que perdió la vista, nunca la tuvo), señala directamente a que sí, que Jesús está creando en cada persona que le acepta como sanador y Salvador personal, una persona nueva.

Además, es llamativo que todo esto suceda un sábado. El día para reposar y no mover un músculo; por lo tanto Jesús, también es el Señor del sábado (del tiempo) y de la ley. El deroga la vieja ley, él va a morir y resucitar y el velo dejará de ser impedimento para acercarse al Dios creador.

Luego, está la imagen de obediencia del ciego, quien no tenía ya nada que perder, se deja embadurnar los ojos con barro, (posiblemente ni entendía lo que estaba sucediendo con sus ojos y aquél que parecía que iba a probar «suerte» con su problema); obedientemente fue al estanque de Silué (piscina de agua), Jesús le dijo que se lavara, y tal como ocurre con el simbolismo del bautizo, el lavarse representa salir de la vida de ceguera espiritual y por primera vez, ver la Verdad, ¡el ciego vió!.

Tres stop:

Primero, el milagro, muestra al Dios creador en acción.

Segundo, el dolor no es sinónimo de estar cargando con un castigo, es la oportunidad para que se desarrolle la Gracia de Dios.

Tercero, el juicio que se desenvuelve sobre la identidad de Jesús.

El hombre sanado responde a los que le interpelan sobre Jesús: no sabe quien es, le considera un profeta. Los fariseos le interrogan por dos veces, no dan crédito, no confían en su testimonio. También ponen en duda las respuestas de los padres del ex ciego, confrontan y objetan todo lo sucedido con tal de no reconocer el milagro, ni a la persona de Jesús.

La situación real que vivieron un sábado todos los allí presentes, cerca del estanque de Siloé, tanto los discípulos y demás personas que observaron la escena, los otros que denuncian el hecho, los padres del hombre ciego, ¡todos sorprendidos!, dan opinión según su incapacidad de comprender lo que hizo Jesús, muestran la ignorancia sobre él; en general no distinguen entre la antigua ley representada por Moisés y la nueva oportunidad que está dando Dios: Jesús, el Mesías prometido. Menos el hombre sanado, quien tuvo un encuentro personal con Jesús y de una le conoció.

Por ello lo más interesante de todo el relato, es cuando Jesús regresa a la escena, luego de que expulsaran de la Sinagoga al ex ciego, y le mostró que él es el Mesías. El hombre afirmó: – Creo, Señor; y se postró ante él (reconocimiento y adoración), es decir, rindió su vida y su entendimiento ante la inmensidad y misericordia del Señor. Esto es el encuentro personal, marca un antes y un después en la vida de cada persona. El ciego deja que Jesús le sane, recobra la vista física y espiritual, rinde su orgullo a la existencia de Jesús, a quien primero le llama profeta pero después puede ver que es «el hijo del hombre,»es decir hijo de Dios.

Concluimos con el versículo 9. 39: «Para juicio he venido yo a este mundo: para los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos.»

¿En qué grupo prefieres estar? En los que el Señor les hace ver y  abren el corazón a él, o en los que persisten en la pretensión de autosuficiencia espiritual con la que se rechaza la revelación y entonces quedarías ciego espiritualmente por siempre?

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