Hola!
Hoy es el día.
Dividimos el tiempo en pasado, presente y futuro. La categoría, o mejor dicho la magnitud tiempo, (que aún la Ciencia estudia porque no la comprendemos al 100%), es en esencia el orden de secuencia de lo que pasa, de lo que sucede, momento tras momento. Su unidad de medida en el sistema internacional es el segundo* (*Un segundo es la unidad básica de tiempo en el Sistema Internacional de Unidades, equivalente a la sexagésima parte de un minuto) En física se observa que el tiempo se integra con el espacio, (se denomina espacio-tiempo) siendo la vía para analizar la direccionalidad y duración de los eventos (Teoría de la relatividad).
Así pues, decimos que el tiempo es la duración de las cosas sujetas a mudanza (RAE), una manera bastante entendible de como cursa la secuencia de sucesos, es decir, una tras otra, sin tregua, segundo a segundo. Ayer, hoy, mañana se suceden continuamente… no hay oportunidad en la vida, como para el director de una película, que puede detener una secuencia para rectificarla porque se arrepintió de cómo luce o se le ocurrió añadir algo nuevo a la escena. En la vida: ¿Pasó? Pues, así quedó. Cada segundo queda atrás luego de haber pasado. No hay vuelta atrás.
Esas expresiones basadas en pensamientos de lamento: -¡Si no hubiese bebido alcohol no hubiese perdido el control del vehículo y no hubiese ocurrido ese horrible accidente!, ó -¿Si hubiese observado con más detenimiento me hubiese percatado que estaba actuando incorrectamente, y hubiese parado o rectificado!, ó – ¡Si hubiese escuchado consejo ahora no lamentaría esta situación!… y muchos más «-¡Y sí!,» solemos repetir en miles de situaciones estresantes.
Todas esas situaciones en que a «toro pasado» analizamos y corroboramos que haber actuado de forma precipitada, inconsciente (absolutamente para todo necesitamos ciencia y consciencia) o dejándonos arrastrar por el dulce engaño del pecado provocan que ahora suframos consecuencias desastrosas; ciertamente pudieron ser evitables. Las consecuencias buenas, regulares o malas… son fruto, de decisiones buenas, regulares o malas que en su día tomamos.
El cristiano también tiene altas probabilidades de sufrir por esas decisiones incorrectas, seguir a pie juntillas los consejos sapiensales es sacrificial, y eso nos cuesta mucho. El Libro de Proverbios, por ejemplo, es el paradigma de la sabiduría en la Biblia, repleto de consejos y máximas, refranes, dichos que bien nos hace aplicarlos en cada momento. Más allá, cada instrucción que Jesús dejó plasmada en los Evangelios son excelentes condicionantes para vivir en Paz, y luego todo lo recogido en Cartas y Epístolas de los apóstoles conforman un rosario de mandatos, mandamientos, experiencias que son la luz para tomar decisiones sabias en cada evento de la vida secular.
Pero… (siempre hay un pero), hay un momento supremo y necesario en la vida de cada persona en este mundo, la toma de una decision única, que englobará toda la existencia de la persona: Un llamado que urge, dice hoy… no es, en un ratico… ni luego… ni mañana… ni después de terminar mi adolescencia ó mi juventud ó ya cuando me case… ó cuando termine la Carrera…ó ¡cualquier otra excusa que me creo justa con tal de aplazar la decisión de la cual depende la Salvación de mi Alma! El texto dice hoy:
«Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones» [Hebreos 3. 7-8a]
Hoy, si escuchas del mensaje de salvación, presta oídos y disponte a abrir tu corazón… El Señor te está dando la oportunidad de ser salvo, te llama, te escoge, te ama… tú decides
El segundo llamado alienta, que si ya aceptaste a tu Salvador, igualmente debes estar alerta (porque el diablo anda como león rugiente dispuesto a devorarte)
«…antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.» [Hebreos 3. 13]
Vuelve a decir hoy… es decir el esfuerzo es diario. Cada día trae su propio afán y cada día debe vivirse concentrándonos en esas 24 horas, cualquier situación «inesperada «puede provocarnos una caída sino estamos atentos.
La tercera vez: Aclara que luego de aceptar a Jesús, luego de apoyarse los hermanos unos a otros para evitar la caída, aún hay que estar alerta porque gozar de las bendiciones puede dar la falsa expectativa que todo va sobre ruedas, y que resurja un orgullo de: todo me lo merezco, aún si desobedezco:
«…entre tanto que se dice:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.» [Hebreos 3. 15]
«¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?» [Hebreos 3. 18 ]
La permanencia del pecado endurece el corazón, así lo declara el autor de Hebreos.
Vivir alejado de Dios, aunque vaya cada domingo a la Iglesia, puede ser una actitud del cristiano, al estar endurecido su corazón por el engaño de algún pecado cotidiano, que ha anestesiado a través del tiempo nuestra consciencia que no nos llama a «regaño,» (la costumbre se hace fuerte y aplaza al deber).
La permanencia en el pecado endurece el corazón… – Hoy no estoy listo para arrepentirme y dar mi vida al 100% a Cristo, me cuesta mucho dejar «eso.» – No conoces el momento de la muerte, puede ser ¡Hoy!, la muerte puede ser sorpresiva. Cuidado si tu vida no corresponde con alguien que nació de nuevo por y para Cristo, es muy delicada esa situación de vida.
Así pues, el tiempo en el entorno cristiano se mide también en segundos, y éste segundo, éste hoy, éstas 24 horas, puede ser la secuencia que marca la salvación del alma. Cuida tu corazón, alívialo con el pensamiento de que Dios te ha llamado, porque te ama, a pesar de las circunstancias, sean cuales sean… sujeta las ganas de provocación hacia Dios, porque Dios te ama, es justo, siempre cumple sus promesas.



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