lunes 04/05/2026

Hola!

¡Que no te deje de su mano!

Cada vez que pasamos por circunstancias dolorosas o de incertidumbre, conocer que aunque no lo veamos con ojos físicos Dios está presente en la vida de sus hijos, esto es esperanzador. 

El Salmo 23 es el paradigma que usamos los cristianos para revivir en nosotros la fe de que Dios pasa delante de nosotros, antes que estemos en el valle de sombras y muerte, su vara y cayado están con nosotros siempre. Una poesía preciosa y certera:

Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Reflexionemos sobre este punto: la vara y el cayado. 

La vara la utilizan los pastores para guiar a su rebaño… les dan un toque a la oveja “entretenida” y ella rectifica el camino. Sin embargo el cayado, dada su forma curvada en un extremo (justo su utilidad), permite atraer hacia el pastor a aquella oveja que se está alejando o está siendo presa del peligro. 

Este símil es representado constantemente en la vida cotidiana  de un hijo de Dios. 

Cada vez que somos disciplinados por Dios, probados y aleccionados Dios está usando la vara… Seguramente, el cayado es mucho más empleado por Dios hacia nosotros, porque constantemente nos está salvando, alejando de peligro y separándonos de lo mundano, aunque ni seamos conscientes en muchas ocasiones… a veces, nos quejamos de que alguna que otra oración no es respondida… seguramente la respuesta fue alejarnos de un mal que ni sospechabamos.

Relacionemos dos aspectos: el cuidado de Dios hacia sus hijos como dice el Salmo 23 y esos talentos que te ha regalado para no estar de brazos cruzados.

Puede que vivas confiado en tus propias habilidades, inteligencia, capacidades (lo cual no es criticable, porque ser autónomo y responsable de uno mismo es bueno) más, cuando conoces el amor de Dios, de su cuidado y atención personalizada, dejarás atrás tu orgullo, reconocerás que el dador de vida es quien ha puesto en ti esas «competencias personales;» comprendes que los dones Dios los ha puesto en tí, son talentos para ser usados y dar frutos.

«Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.
Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.»
[Mateo 25. 20-21]

Frutos para quienes te rodean, para servirles y servirles con amor, El pone en ti el querer y el poder.

Así pues, clamar al Señor que nunca te deje de su mano, es tener en cuenta, que El es el Señor de tu vida, el Rey delante del cual postras todas tus penurias, pecados, todo lo que ocupa y preocupa en tu vida; que es el Pastor que pendiente de tí, te ayuda y socorre, te cuida y levanta, te aleja del malo y te alienta a ser valiente, a esforzarte para poner en función esas habilidades innatas que te harán frucitificar.

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