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Natanael. II parte.
El prejuicio es la opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo o alguien que además no se conoce. Y todos, en muchas ocasiones, arrastramos una «versión» sobre algo o alguien negativa o que desaconseja acercarse a ello. Cuando estamos prejuiciados damos por verdad algo que no hemos comprobado, ni estudiado… ¡por eso la información da poder! … Si quieres ser en alguna medida justo, primero: observa, descubre, estudia el tema antes de formarte una opinión, es decir: Ve y mira por tí mismo.
Porque el prejuicio generalmente, fruto de un acervo cultural, no te deja ver más allá del tenaz y caprichoso concepto preformado, que muchas veces no coincide con la verdad. Es una de las bases por la que se desechan personas.
La diferencia fundamental entre la actitud de Jesús y Natanael, es que Jesús le conocía de corazón (por ser Jesús el Hijo de Dios) y tal cual le recibió… mientrás que Natanael, le prejuzgó, por lo que había oído sobre las personas que venían de Nazaret… y al «chocar» con la realidad, Natanael se bajó de su «pedestal,» fue humilde y reconoció a quien tenía en frente.
Natanael: a pesar de sus dudas sobre ese hombre proveniente de Nazaret, fue y lo conoció es decir, fue a comprobar que seguramente no valía la pena conocerle… pero, dió un primer paso.
El Señor que es sorprendente, le mostró cuan alejado estaba de la verdad, le mostró que le conocía de antes. Le desarmó su prejuicio. Natanael le conoce y en humildad le reconoce como Rey de los Israelitas. Hay que bajarse de ese «pedestal» para comenzar a conocer a Jesús.
¿Qué hizo Jesús durante su ministerio sino, cruzar prejuicios de todo tipo? Dejó su lugar y se acercó a la humanidad. Sus cercanos fueron los enfermos, los inmorales, los necesitados… eran su circulo social, dejaba que se acercaran a Él todos, desde las prostitutas hasta los fariseos, es decir, los considerados puros e impuros, los extranjeros (como los de Samaria), los judíos y Gentiles, hombres y mujeres, ricos y pobres, de buena y mala presencia física. La vara de medir de Jesús era el corazón de cada quien, no su procedencia, ni sus pecados, ni su poca o mucha riqueza financiera.
Y tanto así, que le ponían a prueba aquellos que le querían juzgar a mal, pero aún así reconocían su capacidad de no discriminar a las personas: «Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.» [Lucas 20.21]
Cuando Pedro, díscipulo de Jesús, tiene un encuentro con Cornelio, (Hechos 10) le quedó muy claro una cosa: «… En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.» [Hechos 10. 34b]
Cuídate de no hacer acepción de personas basándote en valoraciones prejuiciosas.
El consejo: Así mismo, aplíca esta enseñanza cuando encuentres a Jesús en tu vida.

