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Nehemías, tiene un próposito: reconstruir Jerusalén, pero no dependía de sus propias decisiones, tendría que ser autorizado por su rey, no podía sobre pasar la autoridad de éste, a quien respetaba. Cuando el rey le interpela del por qué de su rostro triste, lo que no era común en el copero, sintió respeto al responderle:
«… me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera.
Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,
y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.«
Este hombre no tomaba la palabra si previamente no se encomendaba a Dios, ¡oraba por disernimiento y por que el rey le apoyara en su propósito! Habló de forma directa sobre lo que quería hacer, sin rodeos, de manera que no solo le dió el rey el permiso para ir a Judá, sino le dió compañía de capitanes, caballos, y cartas de presentación.
Cuidó el orden de las acciones: Oró, respetó la autoridad humana, dijo lo que quería hacer y los recursos que tendrían que facilitarle. Y por demás fue humilde: » … Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.» [Nehemías 2: 8b].
¡Manos a la obra! Esa tal vez, fue la expresión de Nehemías en cuanto recibió el autorizo del rey para su empresa. Lo curioso radica en que este hombre, que decidió meterse en un gran proyecto, lo primero que hizo fue contar con Dios para que le facilitara los medios y recursos, sin violentar la autoridad humana, dejó a Dios proyectar su obrar.
Enumeremos algunos puntos:
- se notaba la tristeza de este hombre, aún así hacía su trabajo.
- fue sincero en su respuesta, aún temiendo a la autoridad que le interpelaba.
- siempre puso por delante a Dios para encaminar su objetivo, aún sabiendo que dependía de la autorización del rey.
Tres aspectos a tomar de ejemplo a la hora de comportarnos en lucidez.

