lunes 26/01/2026

Hola!

El respeto por la vida y la salud.

Desde las primeras indicaciones o normativas, incluso leyes, que el Señor les hace saber al pueblo escogido, escritas en el AT, se vislumbra una serie de premisas que tenerlas en cuenta asegura poner en práctica  el sentido común.

Los libros Deuterenomio y Levítico recogen la mayoría de esas especificaciones, las cuales fundamentalmente se basaban en preservar la higiene personal y colectiva, poniendo en practica el lavado obligatorio del cuerpo y ropas, realizando cuarentenas según fuera el caso, higienizando el lugar donde pernoctaban, no ingerir animales inmundos,  normas de higiene sexual.

Te recomiendo leer algunos pasajes que ilustran lo que hablamos:

Levítico 13.4-5/ Números 19:16/ Levítico 15/ Deuteronomio 23: 12-14/ Levítico 11/ Levítico 18/ Deuterenomio 22. 8

Ciertamente había un propósito para que hubiese pureza en el ritual religioso, más el fin de esas normas era evitar la propagación de enfermedades infecciosas y prevenir de accidentes.

Todo lo cual nos viene a decir que tenemos una responsabilidad personal en el mantenimiento de la buena salud, el cuidado de nuestro cuerpo y mente.

El hábito de ser sedentario, de alimentarse de forma inadecuada, de ser fumador, bebedor… etc, o vivir sin una higiene personal y ambiental buena, traerá sus consecuencias  sobre nuestra salud, y dado el caso, no debemos culpar a Dios, o a otros cuando esas consecuencias negativas se manifiesten; ya entonces habrá que «apechugar» y literalmente asumir el estado de enfermedad, y comenzar el camino a rescatar la buena salud, cambiando dichos hábitos y esperanzados en la misericordia del Señor.

Otro aspecto interesante, es que cuidar de nuestra salud es respetar la vida que tenemos, es colaborar con el hecho de que fuimos creados por Dios y valorar su amor por nosotros.

Si fuera de nuestro control, sufrimos alguna dolencia, enfermedad hereditaria o genética… lo cual es un hecho duro, una prueba fuerte; toca poner nuestra vida y salud en las manos del Creador, para que su mano sanadora sea nuestra aliada, confiando en que cada cosa tiene un buen propósito; sólo así alcanzamos la paz que no conoce de entendimiento humano.

Las promesas de Dios sobre sanidad:

Les dijo: «Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.»
[Éxodo 15:26]

Adora al Señor tu Dios, y él bendecirá tu pan y tu agua. «Yo apartaré de ustedes toda enfermedad»
[Éxodo 23:25]

«Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias.»
[Salmo 103: 1-3]