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Belén/Bethlehem
El rey David que procedía de Belén, a través de Natán recibió una profecía.
Belén, donde David nació y vivió su juventud como pastor, donde de Natán recibió la unción para ser rey escogido por Dios, y donde nacería a partir de este linaje el Rey de reyes, el Mesías unos 700 años después… así pues, dejaría aquella aldea de ser insignificante para ahora aparecer en el «mapa» como el lugar más exaltado en que se pueda nacer. La palabra Belén viene del hebreo (בית לחם ) «bet-lehem» (casa del pan).
El Plan para Salvación ya estaba siendo ejecutado.
José y María: Resulta que en los Evangelios de Mateo 1 y Lucas 3, se describen la genealogía de Jesús; a primera vista luce contradictorio, sin embargo una mirada más detallada descubre la verdad: José es un descendiente de David, porque menciona a Jacob como que engendró a José, por lo que desde Abraham hasta José se mantiene la línea, pasando por David (a través de la línea masculina se hereda el derecho a ser rey). José y María están conectados por el matrimonio, Jesús nace de María… por tanto Jesús siendo hijo legal de José hereda el derecho al trono. Probablemente José era el yerno de Elí, por lo que menciona Lucas 3. 23. Y, en Lucas 1, 2 y 3 se presenta la genealogía de María, coincidiendo que la genealogía de Jesús a través de María llega hasta David, luego hasta Adán. La tesis de que Jesús proviene de la genealogía de David es afirmada aquí.
La profecía de Miqueas.
«Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.
Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.
Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.» [Miqueas 5. 2-4 ]
«Efrata», es una palabra que deriva de una raíz cuyo significado es producir, se vincula con un clan relacionado con Caleb, que se estableció en Belén. Se recalca la pequeñez de Belén y se contrapone con la grandeza del Rey que nacerá ahí, ya Isaías declara que a pesar de nacer en la humildad su principio es eterno: «Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.» [ Isaias 9.7]
La historia humana afirma lo que sucedió.
El emperador romano declara un decreto, que cada cual se registrara en un censo, lo que obligaba a cada quien a ir al pueblo de origen ancestral. En este caso, Belén de donde provenía el linaje de José desde David, era el lugar del censo para José y su familia. (El emperador pagano echó a andar el engranaje para cumplir la profecía).
Así, que el Mesías nacería en un humilde pueblo, y más, ¡nació en un establo!. Belén fue el lugar donde había nacido el rey más grande de Israel, David… y más, éste nuevo Rey: ¡No es un simple rey, nació en un lugar físico sí, pero de origen eterno!, y el Rey más grande de todos los tiempos de la humanidad: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.» [ Isaías 9. 6]
La promesa meseánica fue cumplida. Se le dijo a David que su trono sería eterno, y resulta que en un descendiente de David se cumplió… «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.» [2 Samuel 7. 16-17 ]
Y los estudiosos de las escrituras antiguas conocían de la profecía, no en balde los Magos de Oriente, llegan preguntando por el nuevo Rey que ha nacido, lo que pone en alerta al rey Herodes… y en desasociego quiere saber sobre este asunto, y sus pirncipales sacerdoes y escribas afirman directamente la profecía de Miqueas. [Mateo 2. 4-6]
Ese descendiente de David, resultó ser el Mesías Salvador nuestro ayer, hoy y siempre.
«Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.» [Juan 6.35]

