lunes 06/10/2025.

Hola!

Identificar el engaño.


Engañar resulta muy fácil en nuestros tiempos… pienso que por la amplia capacidad que existe a día de hoy de llegar a todos de forma inmediata. Tenemos desde redes sociales hasta muchas plataformas que dan acceso a cualquier tipo de información; la puesta en marcha de las aplicaciones de la llamada Inteligencia Artificial son un «bum» para que de forma rápida conozcamos de casi cualquier temática cuando preguntamos, son sistemas informáticos o combinaciones de algorismos que dan respuestas según un cúmulo de información disponible en internet.

Entonces, ¿Es o no fácil engañar a las personas y a la sociedad en su conjunto? El exceso de información tiende a provocar más confusión que aclaración… todos tienen acceso a dar su punto de vista de cualquier caso o cosa… da igual si se habla de derechos, deberes, política, religiones, ciencia, historia, salud, naturaleza, etc., cada uno «tira a su flanco,» cada cual se radicaliza en su punto de vista de cualquier cosa o caso. Utilizando argumentos que mueven las emociones pueden hacerte creer que alguien tiene razón sin ser verdad.
Engañar es tan frecuente en estos momentos que pasa desapercibido que hay mentira en lo que nos cuentan, se vuelve «cierto eso» por la repetición o la vehemencia con que se dicta.
Nuestro desconocimiento primario de eventos o sucesos permitirá a los engañadores dispersar la capacidad de preguntarnos:
-¿Es «esto» la verdad? -¿Es «esto» toda la verdad? -¿No habrá «pliegues» en ésta declaración?-¿Qué interés hay detrás de contar algo tergiversado (distorsionar o alterar el significado original de algo) o edulcurado (mitigado en sus aspectos más desagradables o hirientes) de esa Noticia, de aquel evento/suceso/ideología?
No debemos tragar sin más cualquier cosa que llegue a nosotros, sin previamente no contrastar información, evaluar los antecedentes. El caso es que vamos más allá al dar crédito a todo eso que «nos cuentan;» comenzamos a hacer un ejercicio de juicio casi intuitivo: Juzgamos al protagonista o protagonistas de la tal historia simplemente por lo que oímos… sólo de oídas… sin acervo de conocimiento total y profundo de lo que sea que estamos juzgando ¡Error!, porque seremos arrastrados como un barquito de papel en las aguas rápidas de un riachuelo y estaremos a merced de la voluntad de los engañadores, lo peor es que ni nos enteramos de la manipulación.
Alguien dijo: «La verdad relativa es como un elefante observado desde todos los puntos de vista: unos veran una oreja, otros la trompa, otros las patas traseras, otros las patas delanteras, nadie ve la totalidad del elefante.» Así que, a eso se refiere la interpretación relativa de una verdad. Sin embargo la verdad real, profunda y certera es todo el elefante en su conjunto. Es cierto lo que ves desde tu águlo, pero esa no es la verdad absoluta y perfecta, ni total… y este uso de la verdad relativa la aprovecha el engañador para ocultar la verdad perfecta.

Ten en cuenta, que el engaño es la forma sútil y escabrosa de lograr sus objetivos el malvado.

«He aquí, el impío concibió maldad,
Se preñó de iniquidad,
Y dio a luz engaño.»
[Salmos 7. 14]

La apuesta es confundir, engatusar y facilitar una información incompleta y casi lógica que ni te intrigue lo suficiente para corroborar «ese» razonamiento que quiere demostrar una proposición para convencer de lo que afirma o niega. Una senda segura para el engaño que debilita la voluntad de decisión.

Y puedes ser engañado en el mundo secular, pero mucho me temo que también en el espiritual, de manera que atiendes a doctrinas y sabidurías humanas que te alejan de lo Verdadero [Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14.6] :

«…grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.»
[1 Timoteo 3. 16]

Y Pablo advierte lo que sucede:

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauteriada la conciencia…» [1 Timoteo 4.1-2 ]