Hola!
La plasticidad de nuestro cerebro.
La plasticidad define a algo que puede ser flexible, dócil, maleable. Algo que puede modificarse. Por ejemplo, a las artes plásticas, le llaman así precisamente porque el artista moldea lo que está creando. El material plástico, bajo el influjo de las temperaturas toma formas. Y, existe un término mucho más interesante, que nos atañe a todos: la plasticidad neuronal. Esa capacidad innata que tiene el órgano más importante de nuestro cuerpo: «el centro de control,» desde donde se monitorean y gestionan todas la operaciones que transcurren en el organismo, desde adaptarse hasta reorganizar su estructura.
Desde el punto de vista científico, la neuro plasticidad es la capacidad del sistema nervioso central, para responder a estímulos intrínsecos o extrínsecos reorganizando su estructura, formando nuevas conexiones interneuronales, lo que provocan mejoría o restablecimiento de funciones e incluso aparición de nuevas cualidades.
El proceso de aprendizaje es clave para estimular la plasticidad neuronal, a través de ese proceso se adaptarán o crearán las estructuras de distintas partes del órgano central (cerebro), para adquirir nuevos recuerdos, nuevas habilidades o eliminar antiguas cualidades.
Así pues, es admirable esa capacidad con la que Dios creador ha dotado nuestro órgano: «centro de control,» y más fenomenal aún, es la responsabilidad individual que llevamos sobre nosotros, para influenciar sobre nuestro cerebro de manera buena, sana y justa… Si eres cuidadoso/a al escoger qué dejar llegar a tu «centro de control,» uno u otro estímulo, podrás afectar e impactar tu CEREBRO, es una forma de cultivar la higiene mental ( conjunto de prácticas y estrategias que promueven el bienestar psicológico y emocional), para que se adapte a través de las mejores modificaciones de las interconexiones neuronales; de manera que las funciones cerebrales progresen, se recuperen, se restablezcan, asciendan y comiences a lidiar con pensamientos buenos, agradables, reconfortantes, con actitudes positivas, con aptitudes superiores en concordancia con lo verdadero, honesto, justo, puro, amable, lo que es de buen nombre, lo que sea virtuoso, digno de alabanza [lee Filipenses 4.8]… llevando a un nivel superior de bonanza, el funcionamiento de todo tu ser.
Hay más, si te consideras incapaz de cambiar… entonces, analiza esa capacidad que tiene tu «centro de control,» tiene plasticidad, es innata, Dios nos la regaló ¡justamente para lograrlo! Porque tu órgano rector, el que permite la interacción con el exterior (sobre todo a nivel del lóbulo frontal), y facilita las funciones de todos los demás órganos internos de tu cuerpo (desde el Sistema Nervioso Central, del cual parte el Sistema Nervioso Periférico, y donde se coordina la actividad Endocrina), puede ser fortalecido y modificado para reemplazar las viejas o perversas maneras de vivir por nuevas y genuinas formas del buen de vivir. Ahora, tus propias fuerzas son pequeñas para hacer que tu «centro de control» reaccione y se readapte al 100% de manera totalmente eficaz, la ayuda divina es imprensindible, indispensable, porque Dios es el creador.
Observa como aparece descrito en el Libro de Jeremías, la lección que Dios le hizo llegar:
Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.
Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.
Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. [Jeremías 18. 1- 6] (Si te parece, escribe tu nombre donde aparece «casa de Israel»).
¡Entrégate a la manos del verdadero alfarero!

