Misionero-a.
Una misión, es un propósito que se plantea la persona, y conlleva, sin lugar a dudas movimiento y acción. Una misión no es algo para hablar de ello y punto, tenerlo en el pensamiento y ya… lleva esfuerzo mental y físico sea cual sea la comisión.
Bíblicamente la misión está definida por disponer el corazón y la acción a evangelizar, y formar espiritualmente a aquellos que aún no conocen del Señor. Si lo vemos así, diríamos que hay que irse lejos de casa; pero no necesariamente hay que ir a un lugar apartado para ser un misionero, que sí, también ir a otros pueblos que no conocen del Evangelio porque su cultura no lo aprueba o lo desconoce… o viven en lugares muy distantes de lo que llamamos civilización, y están ajenos a la posibilidad de Salvación a través del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario, y aceptarle como su Señor resucitado, es una forma «profesional» de ser misionero-a, sin embargo el día a día nos ofrece la posibilidad de expresar la misión básica del cristiano en nuestro entorno más cercano, donde viven personas que desconocen la posibilidad real de ser salvos.
Ciertamente se describe como la gran comisión lo que Jesús dijo a sus discípulos:
«Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.» [Marcos 16. 15-16]
Hay primero dos expresiones claras en estos versículos, todo el mundo y toda criatura; no da lugar a confusión, no habrá acepción de lugar o persona… es en todo lugar y a toda persona. Por eso, es misionero todo cristiano que es responsable en el seguir a Cristo, pues será consciente de la necesidad de compartir la Palabra ( la Buena nueva) con todos los que se tope en su cotidiano vivir.
Y la segunda expresión habla sobre la distinción entre el que creyere y el que no creyere, es obvia: salvación / condenación. El mensaje es sucinso, es claro y preciso. (No hay que hablar mucho, ni adornar lo que dijo el Señor, es tal cual.)
Pablo lo resume la importancia de la misión: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» [Romanos 10. 14-15]

