Hola!
Ese hilo conductor.
Y vivió entre nosotros, el Mesías que descendió a manifestar la misericordia divina a su creación. Te preguntarás: – ¿y ahora qué?.-
– ¿Ahora?, Ahora ya está el Plan de salvación en acción. Comenzó justo el día que el Salvador nació de mujer para semejarse en todo a nosotros. Y después de convivir en un entorno ordinario, se manifestó a sus «semejantes,» pero no le creyeron muchos y lo tildaron de blasfemo, como inmundicia lo trataron, por la venda en sus ojos juzgaron mal al que acercaba el reino de Dios a la Tierra.
«Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos.» [Isaias 53. 2- 3]
Y después de tres años insistiendo y mostrando la Verdad, pocos le seguían, aún mostrando su poder de sanar y perdonar, derramando misericordia y amor… temían que les arrebatara el control, por orgullo no le admitían. ¿A cuántos dió de comer, a cuántos sanó, a cuántos perdonó? Le temieron cuando mostró conocimiento de las Escrituras, cuando señalaba a los hipócritas, cuando desbancó a los mercaderes del templo… sanaba a los endemoniados y le incriminaban que él los tenía: «De nuevo las palabras de Jesús fueron motivo de disensión entre los judíos. Muchos de ellos decían: «Está endemoniado y loco de remate. ¿Para qué hacerle caso?» [Juan 10. 20-21]
Le recriminaban, no soportaban su presencia. En Jerusalen se celebraba la fiesta de la dedicación, era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón, lee el pasaje del capítulo 10 del Evagelio de Juan: «Una vez más los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús les dijo: –Yo les he mostrado muchas obras irreprochables que proceden del Padre. ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear? No te apedreamos por ninguna de ellas sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces pasar por Dios.» [Juan 10. 31-33]
Y como tierra tirada en saco roto, todo lo que dijo e hizo fue desechado, y al final «juzgado.»
«Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca.» [Isaías 53. 6-7]

