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Causa-efecto.
Una Ley es algo que se cumple irremediablemente; es una regla fija a la que está sometido un fenómeno de la naturaleza.(RAE) Y, saber de esta ley nos facilita comprender el comportamiento de la materia y de la energía en el universo natural y en el cuántico. Sintetizando, esto es: que cada causa tendrá un efecto y por tanto todo efecto es provocado por una causa.
El profeta Amós, que dicho sea de paso, uno de los grandes profetas del siglo VIII a. C, fue hombre sencillo, campesino, vivió en Tecoa (Ciudad pequeña, en las montañas de Judá, a unos 10 km al sur de Belén), elegido para profeta: «Jehova me tomó de detrás del ganado, y me dijo: ve y profetiza a mi pueblo Israel»[Amós 7.15]; desarrolló su ministerio en el reino del norte, gobernado por Jeroboam; en esos momentos Israel había recuperado su esplendor como reinado igual a cuando reinaba David. La prosperidad llegó gracias al comercio, y por la fuerza de las armas, recuperando territorios en el oriente del Jordán [Zac. 14.5] Así, con todo este incremento de riqueza también se incrementa la distinción entre ricos más ricos y pobres más pobres, tambíen aumenta la corrupción entre los jueces y tribunales de justicias, agravándose la situación de opresión a los más humildes en la sociedad [Amós 2.6-7; 5.7-12], por otra parte, se contagia el culto religioso con prácticas paganas, [Amós 5.26] convirtíendose en eventos fastuosos, perdiendo la autenticida y piedad sincera [Amós 5. 21-23]. En este contexto, el profeta Amós es llamado a advertir y profetizar: no por ser el pueblo escogido, dejará Dios impune los pecados de su pueblo, sino que teniendo en cuenta que Israel ante los ojos de Dios tenía un compromiso y mayor responsabilidad [Amós 3. 1-2], en conclusión Amós hace referencia a que Dios no puede ser burlado, y no permanecerá indiferente y exhorta: «Prepárate para venir al encuentro con tu Dios.»[Amós 4. 12]. * (Basado en los comentarios de Biblia Reina Valera 1995, edición de estudio.)
En el Libro de Amós aparecen algunos ejemplos que ilustran cómo se desencadena de manera enlazada un hecho producto de otro anterior,
«¿Rugirá el león en la selva sin haber presa? ¿Dará el leoncillo su rugido desde su guarida, si no apresare?
¿Caerá el ave en lazo sobre la tierra, sin haber cazador? ¿Se levantará el lazo de la tierra, si no ha atrapado algo?» [Amós 3. 4-5]
Cuando hacemos algo… una consecuencia tendrá… siempre, lo más perpicaz sería sopesar nuestra próxima acción para evaluar la influencia positiva o negativa en el resultado, en general son predecibles los efectos.
Ahora, lo que pasa con nuestro Señor, es impresionante… porque antes que nazca una consecuencia negativa por nuestros hechos… advierte, profetiza y pauta soluciones: extiende su misericordia sobre su pueblo, envía profetas que dan la guía para salir del atolladero, y deja su Palabra al alcance de todos, aún más asombroso es que aún no siendo merecedores de tal Gracia, revoca las consecuencias malas de nuestras decisiones y actos… a través de Jesús, el abogado que planta cara por nosotros. Hoy sigue hablando a través de aquellos profetas antiguos, sí: «Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?» [Amós 3. 8] pero el reconocimiento genuíno de «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Y,
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.» [Juan 3. 16-17] nos libra del efecto que provocaría nuestra rebeldía.
Así pues, ese sistema de causa-efecto, que rige nuestra vida en todo sentido marcando una relación causal para cada consecuencia, puede ser revertido a un resultado de salvación, si: arrepentido y convencido de pecado, crees en El Señor Jesucristo y aceptas la restauración que Él puede obrar en tí. El Señor es el único que puede plantarte en su reino: «Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.» [Amós 9. 15]

