Hola!
Acércate!
Vivimos cada día de aquí para allá. No hay tiempo para pensar y/o meditar, nos devoran las ocupaciones! Eso hace que las relaciones interpersonales en muchas ocasiones se vuelvan «ariscas «o lejanas. Aunque se esté en el mismo sitio y a la misma hora no se coincide.
Cada uno concentrado en «sus cosas»: estudio, trabajo, tareas, actividades de los hijos o para los hijos, cuidar de un adulto mayor, hacer cosas del hogar, conseguir la comida, atender a las Redes sociales, leer o escuchar de las Noticias, un turismo haciendo fotos de lugares sin prestar verdadera atención a quien acompaña ese momento contigo y un largo etc… todo lo que nos rodea es prioridad… antes que compartir un momento en quietud con la persona que está ahí, a tu lado (pareja, hijos, padres, vecinos, amigos, familiares.). Las ocupaciones nos ocupan!
Las exigencias naturales del día a día, si no prestamos atención… pueden alejarnos de las personas que amamos, aún haciendo cosas para esas personas. Incluido, en esa lista también se encuentra Dios, a quién no prestamos atención por ir de aquí para allá.
Todos necesitamos sentirnos aceptados y más, necesitamos saber que nos aman.
Que alguien cumpla una serie de tareas ya sea ayudándonos, complaciéndonos, hasta obedeciéndonos, o cubriendo nuestras necesidades básicas: significa que nos ayuda, nos apoya, y seguramente nos ama y si, igualmente hacemos nosotros para esa persona… hay una relación de cooperación y mutualismo… bueno es; sin embargo, si más allá de esto no hay una cercanía real, faltará complicidad y conocimiento profundo del otro-a.
Una conversación tranquila, un escuchar, un momento de silencio compartido puede ser el paso que falta para «practicar al 100%» ese amor especial que tenemos por el otro-a. Debería ser una tarea diaria en nuestra agenda, que de forma concienzuda e intencional apartamos para el otro-a… y también para Dios, un momento del día. Un apartado en esas 24 horas, un espacio de tiempo sólo para acercarte, y estar ahí, acompañando con toda tu atencíon al otro-a, hace la diferencia.
El Señor te lo pone aún más fácil, porque Él siempre es cercano a sus hijos… Él siempre está disponible, hora y lugar, no son impedimentos para Él, no pasa nada si estás cerca de Él caminando por la calle o sentado en un rincón, sólo es abrir la puerta de tu corazón y decirle todo… absolutamente todo, ó permanecer en silencio delante de Él. Escuchar o leer su Palabra dará la pauta para preguntas y respuestas, te hará sentir consuelo y gozo, paz y disernimiento.
«Cercano está Jehová a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que lo temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará.» [Salmos 145. 18-19]
Sólo acercándote podrás atender y entender razones del otro-a, conocerás su ser interior y te darás la oportunidad que te conozcan a tí. Así podrás compartir (más allá de lo cotidiano) la vida con esa persona que amas; e igual sucede si te acercas a Dios, tu creador… le conocerás cada día más, crecerá tu fe y saborearás su fidelidad.

