lunes 21/10/2024.

Hola!

Cristo es el que es.

Otra de las Epístolas del NT, es la escrita a los Hebreos, es un tratado sobre Cristo. Desarrolla su contenido el autor, a través de la exposición de quién es Cristo: el hijo de Dios, la Palabra eterna, fiador que garantiza un pacto nuevo y definitivo. Cristo es quien da sentido a todo el recorrido del AT porque es quien mediante su sacrificio trae al mundo la Salvación.

El autor evidentemente a través de esta carta tiene el deseo de exhortar al lector a como vivir siguiendo a Cristo; da herramientas a través de consejos y recomendaciones practicas, para que no se desanime el cristiano cuando existan temores y sufrimientos de la vida cotidiana; al final del escrito, en el capítulo 13 se engloba esas recomendaciones. Menciona el amor fraternal, la hospitalidad, tener en cuenta a los que sufren presos por causa de la fe, lo honroso del lecho sin mancilla refiriéndose a los esposos y esposas, evitar la avaricia, orar por los pastores que hablaron la Palabra de Dios, no dejarse llevar por doctrinas extrañas y afirmar el corazón con la Gracia. Observemos que todo este rosario de enseñanzas se afianza en una expresión de los Salmos 56. 3- 4, 118. 6: «El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre.»

¿Y quién es ese ayudador?

Desde el Capítulo 1 ésta Epístola expone la preminencia* del Señor, de forma consisa: heredero de todo y por quien asimismo Dios hizo el universo. (Hebreos 1. 2) En un principio Dios habló a su pueblo a través de los profetas, ahora ya es Cristo su mediador, él es resplandor de su gloria, imagen de su sustancia, con su palabra se sustentan todas las cosas, y luego de cumplir su misión a través de su sacrificio purifica nuestros pecados delante del Padre y está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas. (Hebreos 1.3-4)

*Preeminencia: Privilegio, exención, ventaja o preferencia que goza alguien respecto de otra persona por razón o mérito especial.

Ahora que hemos releído lo que expresa el primer parráfo de este escrito, supongo que no hay lugar a la duda, no hay otro camino, otra dirección a seguir… ni antiguos profetas, ni ángeles u otras potestades serán el faro de guía para un cristiano. No hay otro nombre superior a Cristo. Esto nos advirte que no debemos «perder el norte» por decirlo de manera coloquial; otra cosa que no sea a través de Cristo es andar a la deriva, en ceguera espiritual, imaginando posibilidades de salvación a través de «terceros» … no os engañeís: en esto no debe existir equívoco. Dijo David en el Salmo 95. 7-8 «Si oís hoy su voz, no endurezcaís vuestros corazones» y en Hebreos 4.7 lo menciona tal cual, por la simple razón de que quien cree y obedece a Cristo entra en su reposo.

Lee detenidamente la Carta a los Hebreos, tiene una carga importante de Teología, y por expresarlo en una corta oración yo diría que resume: Sólo Cristo salva.