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A propósito de la gente de Filipos.
A través de la lectura de la Carta de Pablo a los filipenses se conoce que él mantenía una relación estrecha con las personas que conformaban esa comunidad cristiana, todo indica que en su día apoyaron a Pablo: le dieron cobijo y además desde la distancia le sostenían, por eso Pablo les habla como a hermanos queridos, les llama mi corona, y amados.
Según el Libro de los Hechos de los apóstoles, Pablo visita Filipos y permanece por un tiempo. Una ciudad tremendamente importante desde el punto de vista comercial y económico, una provincia romana que sobresalía por ser centro de encuentro de mucha gente y allí Pablo inició una iglesia que fue ferviente con la Palabra y por tanto allí creció el evangelio. (Hechos 20 )
¿Quienes vivían allÍ? Gente común, extranjeros, clase alta del entorno romano, esclavos, clase media que trabajaba para el imperio romano… y todo este tipo de persona están representadas en tres personas que tuvieron interrrelación estrecha con Pablo: aquella esclava adivinadora, por cuya liberación del demonio Pablo es tomado preso, y luego aquel funcionario de la cárcel, el cual cae de rodillas ante el evangelio, y también aquella mujer asiática llamada Lidia, y posiblemente muy acaudalada, dado el negocio de púrpura que regentaba; esas tres personas representan, de alguna manera, los niveles de clases sociales de Filipos, y se demuestra en la interrelación que mantiene con ellos Pablo, que Cristo accede a todo tipo de persona sean esclavos, libres de clase media o alta, extranjeros o nativos; es decir, cualquiera que tropiece con la piedra de Salvación puede ser Salvo.
La iglesia en Filipos tenía ciertas caracterísiticas, una era la generosidad, pues Pablo agradece grandemente cómo le ayudaban en su sostenimiento de forma continuada. Pablo hace gala en esta carta de su capacidad de ser agradecido, lo que realmente es un buen hábito que todos debíamos practicar, tanto hacia Dios que nos cobija y nos da el sustento cada día, como también con aquellas personas que son instrumento del Señor y hacen posible tal protección, a veces de forma directa. Por lo que la generosidad y el agradecimiento deben convertirse en virtudes de los cristianos.
Por otra parte, en la carta Pablo a sus hermanos en Filipos les alienta, hablándoles sobre cómo afrontar las angustias, ya fueran las penalidades por ser perseguidos o cualquier otra cosa que les aflijiese:
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. [Filipenses 4. 4-6]
Analiza cada pregunta:
¿Cuándo debemos regocijarnos en el Señor? R/: Siempre.
¿Delante de quién debemos ser gentil? R/: de todas las personas.
¿Debemos afanarnos? R/: No, por nada.
¿Quién debe conocer nuestras peticiones?R/: Dios.
¿A través de qué Dios puede conocer nuestras peticiones? R/: Oración- ruegos, y acción de gracias aún antes que obtengamos respuestas.
Y, ¿qué ganancia tenemos al ser de esta manera, según las respuestas anterioes? R/: Que nuestros corazones y pensamientos serán guardados en Cristo Jesús, lo que hace posible que la paz de Dios nos inunde, cosa no comprensible generalmente para la mayoría.
Lee detenidamente la carta a los Filipenses y quede claro que también es para nosotros todas sus enseñanzas, no solo para aquellos filipenses.

