lunes 30/09/2024.

Hola!

La sencillez y humildad de los hijos de Dios.

En el Segundo capítulo de la Epístola a los Filipenses su autor enfatiza sobre el poder que Cristo da a su iglesia: capacidad de consolar, afecto entrañable y misericordia. Repasando lo que está escrito en Filipenses 2. 1-4, entiendo que Pablo alienta a tener un mismo sentir en el espíritu, un mismo amor y por tanto está fuera de todo lugar actuar por rivalidad o vanidad, sino que estimar a los demás como superiores hace que busquemos el bien para los demás y no para nuestro provecho.

Dicho lo cual, ¿de quién tomaremos el ejemplo para comportarnos de esa manera? Sin duda, de Cristo:

«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.»
[Filipenses 2. -8]

Eso de ver al otro como alguien importante, que merece respeto y estimarlo como superior nunca ha sido tarea fácil; los humanos, por lo general, nos miramos a nosotros mismos como que siempre tenemos toda la razón, nuestro punto de vista o perpestiva es la mejor… y esto es válido en el mundo, y por eso no podemos esperar que nos estimen superiores en el mundo, y nos traten con «cortesía» por ser cristianos… mirad como el pueblo trató al Salvador.

Pero, Pablo ha dirigido esta Carta, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos… esta Carta no es para las personas que no forman parte de la Iglesia, sino para aquellos en los que Dios comenzó la obra y con seguridad la perfeccionará hasta el día de Jesuscristo, (Filipenses 1.6). Por tanto, el llamado de atención es específico para los seguidores del evangelio, quienes deben sobre salir de entre lo mundano como fieles testigos del Señor, y eso dará esperanza a los que aún no lo son: «Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida…» [Filipenses 2. 14-16a]

La sensillez y humildad de los hijos de Dios se traduce en su comportamiento cotidiano que está abalado por la palabra de vida, obedeciendo a ella estando o no entre los hermanos, porque cuidar de la salvación se hace con profunda reverencia siempre y en cualquier entorno, lo cual agrada al Señor, para quien vivimos.

Lee detenidamente el 2º Capítulo de la Carta a los Filipenses, y descubrirás la esencia del evangelio y la salvación: Dios se hizo hombre, se humilló aún en la condición de hombre hasta la muerte de cruz, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla y toda lengua confiese que es el Señor, para Gloria de Dios Padre.