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¿Estás en el foso de los leones?
En la vida de cada uno de los cristianos, se pudiera enumerar pasajes muy parecidos a los que vivieron los seguidores del Señor ya sea en el Antiguo o en el Nuevo Testamento. Pruebas y acontecimientos que marcan profundamente un antes y un después. La persona en esas circunstancias aprendió y/o verificó sobre Dios varias cosas de su carácter: Dios es fiel, Su Palabra es eficaz y perdura, la fe que agrada a Dios.
Estas características del actuar de Dios, las experimentaron muchos según la Biblia, veamos dos ejemplos:
- Daniel y sus compañeros fueron expuestos intencionalmente a ser devorados por leones, y salen ilesos de forma milagrosa. [Daniel 6. 1-28]
- Pablo y Silas fueron liberados de la cárcel, también milagrosamente. [Hechos 16. 26- 30]
Nótese que en ambas situaciones la causa fundamental por la que reciben un «castigo humano» estos hombres, es debido a su pertinaz actitud de mostrar reverencia y obediencia al Señor, pasando por encima de amenazas humanas que ponían sus vidas en peligro mortal, mostraron gozo, serenidad y temple. (Supongo que tuvieron que sentir dolor, miedo y perturbación al sentirse prisioneros en ambos casos… sin embargo algo les permitió sobreponerse y vencieron la Prueba).
Escenifiquemos en nuestra mente lo que sucedió, pero fijémonos en algunos detalles:
Dijo el rey, – ¡Tu Dios, a quien tú continuamente rindes culto, él te libre!, – cuando se percató que ya no podía contradecir su propio decreto. El rey deseó en su corazón que el Dios viviente de Daniel fuese real, poderoso y salvara a sus ministros. Y luego, de conocer que fueron salvos, el rey dicto una ordenanza: – Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin.-
El terremoto local que ocasionó la destrucción de los muros de la cárcel en donde se encontraban Pablo y Silas, sorprendió al carcelero, no tanto como al darse cuenta que los presos más importantes aún estaba allí, que no abusaron de la oportunidad que les dió el terremoto para salir huyendo; esta sorpresa fue mayor para el carcelero que el terremoto en sí.
Él entonces (el carcelero), pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
Curiosamente en ambas situaciones, hubo testigos que salieron beneficiados… el rey creyó en el Dios viviente, el carcelero de Pablo y Silas quiso ser salvo también. Daniel, sus amigos, Pablo y Silas permanecían con su fe inalterable, esa paz que sobrepasa todo entendimiento… el punto transcendental fue que las circunstancia que atravesaron permitieron a otros conocer la Verdad.
Si estás en el «foso de los leones « o en esa «cárcel injusta,» no dudes: ni de la fidelidad del Señor, ni de la certeza de las promesas de su Palabra, mantente en esa fe que agrada a Dios, porque con total seguridad serás librado, y eso influirá para bien en la vida espiritual de los testigo de esa circunstancia.
Esta puede ser tu oración atravesando el «foso de los leones: «
Oye, oh Dios, mi clamor; A mi oración atiende.
Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo.
Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas.
Porque tú, oh Dios, has oído mis votos; Me has dado la heredad de los que temen tu nombre.
Días sobre días añadirás al rey; Sus años serán como generación y generación.
Estará para siempre delante de Dios; Prepara misericordia y verdad para que lo conserven.
Así cantaré tu nombre para siempre, Pagando mis votos cada día. [Salmos 61]

