Hola!
Bajo sus alas.
Lo que más ansía el ser humano es sentirse seguro. Desde la primera infancia, necesitamos estar cubiertos, protegidos y cuidados… hagamos una comparación: según los científicos que han estudiado el tema de la Importancia de la lactacia materna, han encontrado datos que afirman que el binomio que conforman madre-hijo durante el proceso de la lactancia permite, además del sustento nutricional, lo que es imsprescindible para la supervivencia del lactante, tambíen la leche materna transmite los elementos de defensa de la madre al hijo, lo que le desarrolla el Sistema inmune del bebé, la capacidad de defensa frente a gérmenes nocivos. Hay otro aspecto, que se ha tenido en cuenta en esos estudios: el psicológico, se ha observado que los niños que son amantados por un período largo en su primer año de vida (además de la satisfacción que siente la propia madre al lactar), forman un estrecho vínculo expresado en el acto del amamantamiento, lo que proporciona al bebé seguridad y protección; esto repercute positivamente en su futuro, será capaz de desarrollar de manera natural una alta autoestima e independencia.
Visto este ejemplo, tal cual un bebé se siente seguro y protegido en el regazo de su madre, tal cual se siente alguien que establece a Dios como el foco de su vida. La Biblia es amplia en iluminarnos en este sentido, sólo expongo dos sitios: primero el versículo central de la Escritura, Salmos 118. 8 (que no creo sea casual que sea el versículo centro de la Biblia) La versión RV dice: Mejor es confiar en Jehová Que confiar en el hombre. Y la NVI, Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre y el siguiente versículo asevera: Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos.
Ya este versículo del Salmos 118 nos da una pista de qué nos aconseja Dios, sobre qué pensar y hacer respecto a creer ciegamente en las personas y no en Él, de creer en las manipulaciones que nos envuelven desde el poder de las sociedades y no en Dios.
Segundo, otro Salmo nos expone lo que significa confiar en Dios al establecer con Él ese vínculo apretado y firme, como sucede entre el fruto y el pampano de la vid: el Salmo 91, que nos deleita con el conocimiento sobre la cercanía entre Dios y sus hijos amados. Nos refiere que Dios, a sus hijos, con precisión resguarda y protege de los peligros que se pueden presentar en este mundo. Encontramos cuatro términos sugerentes en este Salmo: Menciona a Dios como el Altísimo [Dios lo cubre todo, lo conoce todo, está por encima de todo, no hay nada más alto que Él], El Todopoderoso [No hay nada que Dios no pueda hacer, puede moverse y obrar en todo momento y lugar a favor de sus hijos], Él es mi Refugio [El sitio que te salva de la tormenta, de la enfermedad, en medio de problemas, de dificultades, es una morada segura] y Dios es mi Fortaleza [Es el recinto desde donde podemos resistir al enemigo, al ataque del maligno, es un castillo, es la roca en la que estaremos firmes].
Habitar al abrigo de Dios describe una realación preciosa con Él, desde donde acarreamos las consecuencias de estar en síntonía con Dios: estar bajo su amparo y buena voluntad, igual que descansa un bebé en los brazos de la madre que le amanta.
Repasemos el Salmo 91 (NVI), que puede ser tu oración en cada mañana:
Morando bajo la sombra del Omnipotente
1El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
2Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío.»
3Sólo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas,
4pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!
5No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día,
6ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.
7Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará.
8No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido.
9Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección,
10ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.
11Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.
12Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.
13Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes!
14«Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre.
15Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia; lo libraré y lo llenaré de honores.
16Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación.

