Hola!
Los pies en el suelo, son importantes.
Perder la perspectiva es de locos; quiero decir… si quieres alcanzar algo, seguramente lo planeas, lo estudias, lo trabajas, eso es una cosa lógica y de admirar. Otra cosa es querer alcanzar un objetivo que está literalmente «fuera de tu alcance,» por el motivo que sea, y puede, ahí es lo perjudicial, ¡»que por no tener los pies en el suelo,» el daño que te provoca la frustación al percibir que realmente no puedes te destruya!
Cada persona tiene múltiples capacidades, a algunas de esas capacidades ni le prestamos atención… otras, sin embargo las sobre-dimencionamos, y en ocasiones nos encaprichamos en practicar alguna habilidad que no tenemos! A esto es a lo que me quiero referir: tener los pies en el suelo, significa estar atentos a nuestras verdaderas capacidades. En este punto podríamos ejercitar el «auto-conocimiento,» es decir observar nuestro carácter, nuestrta personalidad, gustos, fortalezas, debilidades y maneras de reaccionar ante la vida; la motivación es identificar en qué somos buenos por naturaleza, y a eso sacarle utilidad, beneficio. Es frecuente que la decisión vocacional provenga de haber observado nuestras habilidades innatas.
«Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.» [1 Corintios 12. 7]
Ahora, también portamos otro tipo de habilidad, hablando espiritualmente, los llamados dones. Los dones espirituales, no es lo mismo que un talento natural, porque el don espiritual, tiene un próposito ministerial, es un regalo del Señor, dado de forma sobrenatural, para un propósito espécifico, que es el bien común y la edificación de la Iglesia, NO son para alimentar nuestro ego, ni movernos en la vanagloria.
El propósito de conocer nuestro dones, está claro, es poder ponerlos en funcionamiento, ya que será una vía segura para la perfección en la obra y edificación del Cuerpo (La Iglesia)
«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo… « [Efesios. 4 11-13]
Tener los pies en el suelo respecto a los dones espírituales, es ponerlos al servicio de los demás, siendo buenos administradores, esforzándonos y siendo valientes; pues hay momentos y situaciones que necesitaremos de prudencia sí, de sabiduría también, y de la valentía por encima de todo.
«Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.» [1 Pedro 4.10]
En general, los dones se pueden categorizar de una forma muy simple: aquellos que se basan en el hablar, y los que se basan en un servicio, como resume Pedro en su primera Epístola 4. 11: «Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da… « y este es el propósito: el fin es glorificar a Dios por medio de Jesucristo. Ya te has preguntado: ¿Que don tengo que estoy dejando de administrar como corresponde?

