Hola!
Alza tus ojos al cielo.
Hola!
Es muy común pasar por dificultades, situaciones estresantes, tristes, preocupantes… es el «pan» de cada día; y cuando realmente no existe un porqué para estar afanados un día, nos inventamos el: «y sí?»
Y si aparece una enfermedad?, Y si pierdo el trabajo? Y si hay tormenta? y si? … y si?
El caso es que nos hemos acostumbrados a vivir en el filo y no disfrutar plenamente de lo que tenemos en el momento: si en el pasado sufrimos … lo recordamos, e inventamos que el futuro pueda ser peligroso o doloroso!
Así se desarrollan la depresión y la ansiedad. No será más práctico vivir con los pies en la tierra cada día, y el corazón en el cielo? Cada día trae su propio afán, por lo que concentrarse en el pasado o el futuro restará capacidad para enfrentar el día presente.
Esta forma de vivir la vida no permite ver más allá, sea la situación o circunstancia mala o muy buena… nos auto-convertimos en víctimas de los acontecimientos ó en supuestos «ombligos del mundo» donde creemos que todo gira a nuestro alrededor. Esto nos hace perder la oportunidad de conocer la Verdad, de vivir con Esperanza y Paz.
Lo que el Señor explica a sus seguidores, en la Parábola del sembrador, aclara que los que viven concentrados en las cosas de este mundo totalmente, no tienen vista larga para hacerse con su Palabra, que es eficaz, que limpia de toda maldad, que puede brindar la ecuación que resulta en paz, esperanza, amor y fe.
«El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.»
Mateo 13:22
Es decir, el afán de este mundo no permite que estés atento a lo que verdaderamente te salva.
«De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.»
Mateo 13:14
He ahí, puede que oígas pero no vas a entender, si tu pensamiento sólo maquina sobre las «cosas» de este mundo. Por eso dice la parábola:
«Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.»
Mateo 13:23
La buena tierra es el corazón dispuesto, es los ojos que miran al cielo. Se cumplirán las promesas para tu vida; aquellas promesas de paz, amor, de salvación, en dónde el maligno no tiene cabida para confundir, engañar y robar la buena semilla plantada en su tiempo. La semilla que dá fruto, el fruto que el Espiritu Santo genera: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. (Gálatas 5. 22-26)
No sea, que tan concentrado estés en los pesares pasados o futuros de este mundo que llegue un día que tendrás la queja como el profeta, y pierdas la oportunidad de vivir en paz:
«¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos.»
Miqueas 7:1

