Hola!
Servir.
El ser capaz de servir es lo que caracteriza a un cristiano, a ojos del testimonio. Es la misión fundamental a que es llamado todo el que sigue a Cristo.
Servir no es fácil, tiene un componente de autonegación que escuece la voluntad, es díficil porque tiene un aspecto sacrificial; en estos días la moda que impera de algunas «filosofías» imponen a la gente, que lo que vale es seguir al corazón, que lo primordial es trabajar por los sueños propios, que hay que prepararse para ganar y ganar siempre, el servir a los demás queda relegado a un plano tan simple como que si no queda de otra sirvo, tal vez, a mis allegados, ya sea una madre o padre, tal vez a un abuelo/a o a un hijo/a o hija… las personas que queremos y que conviven con nosostros compartiendo espacio, tiempo y economía. Esto es lo que prevalece.
Servir significa, ser útil, valer, tener a bien. En la más amplia acepción es estar al servicio de alguien, estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que quiere o dispone. Pero, hay más:
— Hay una estrecha relación entre servir y ministrar:
«Que todos nos consideren servidores de Cristo, encargados de administrar los misterios de Dios.» [1 Corintios 4. 1 NVI] Los dones son en cada uno de nosotros, por gracia, la capacidad de dar nuestra valía a los hermanos en la fe, a los conocidos, a los amigos y a los no amigos, a todos … siempre poseemos algo bueno que ofrecer para poner en practica y servir a los demás.
— No hay excusas, tenemos el perfecto ejemplo:
«Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros.» [Juan 13. 14 NVI] Hablar de Cristo está muy bien, porque por el oír viene la fe, sin embargo, el que nos oye sino encuentra además, obras buenas en nuestro hacer… caerá en la «nada» lo que oyó sobre el Señor.
— Servir es entrega:
«Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo.» [1 Corintios 10.24 NVI] ¿De qué vale hacer una buena obra si en tu corazón está el afán de ganar algo a cambio? Hacer lo bueno buscando nuestro propio bien… no es servir por amor al prójimo.
— Servir conlleva humildad:
«Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.» [Mateo 20. 26-28] Dar la vida por otro: es dar mi tiempo a otro, dar mis conocimientos a otro, es escuchar a otro, es trabajar para hacer feliz a otro; por lo que es bien complicado, pues va contra la esencia que nos ciega: «yo primero y/o lo mio primero,» de manera que para alcanzar un mínimo del servir sirviendo, necesitamos orar para que el Señor nos fortalezca y enseñe a seguir su ejemplo.

