Lunes 02/10/2023.

Hola!

El desierto.

Los desiertos, desde el punto de vista de la geografía física, son en su mayoría, lugares donde las precipitaciones suelen ser muy escasas, se manifiesta un clima seco y árido, donde hay poca población humana o nula; la fauna y flora, tambíen escasean, y sólo se establecerán en este bioma aquellos que tienen capacidad específicas para la adaptación al medio con poca humedad. Pueden ser desiertos los entornos con clima muy frío como el ártico o la tundra. En resumen los desiertos son lugares en que se podría vivir en condiciones extremas y más que nada se sobre vive.

Lo que caracteriza a los desierto es más que nada, la falta de recursos hidrícos, el clima extremo, y una biodiversidad rara, lo cual no apoya la existencia humana para que sea fácil. ¡Así que a nadie se le ocurre entrar en el desierto para vivir de forma confortable! Todos conocemos que la estadía por el desierto es una experiencia dura, acompañada de escasez y sufrimiento.

La palabra desierto proviene del latín, dēsertum: lugar abandonado; así mismo a un lugar que está vacío, desolado, a un espacio descuidado que no invita a estar en el, se le llama desierto. Cuando estamos en situaciones de soledad y penurias, decimos: – «¡Estamos atravesando un desierto!»

Seguramente, has probado de las inclemencias de un «desierto.» La sensación de desamparo, frustación, dolor, aflicción, desconsuelo, son los sentimientos más comunes que afloran sobre todo si te sientes al borde de sucumbir a la desesperación, y generalmente la tentación de murmurar contra Dios es lo primero que te viene a la cabeza, exigir un milagro para que sea resuelta nuestra precaria situación; también hacemos reclamos a Dios y hasta podemos olvidar que en otras ocasiones Dios fue misericordioso y obró maravillas en nuestra vida. Este marco no es infrecuente en la vida de un cristiano, y el primer ejemplo del que podemos hablar es de la larga y tediosa estadía que pasó el Pueblo de Dios al atravesar el desierto luego de su liberación.

Durante aquel «tiempo,» los israelitas fueron testigos de señales milagrosas en muchas ocasiones, pero bastaba una sola oportunidad de quebranto para que la queja y la murmuración fueran múltiples, olvidaban continuamente quién es El Señor y lo que bendijo por mucho a su pueblo.

El pasar un desierto, no es un tiempo de vida para sufrir porque sí… todo desierto lleva en sí un propósito, es posible que necesitemos una enseñanza a priori, es decir, «algo que aprender antes de: …»

«Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.» [Deuteronomio 8: 3]

    El desierto, es una oportunidad de intimar con el Señor, de conocerle en profundidad, de establecer una relación cercana y sin doblez con el Creador. Por supuesto que Dios está al tanto de tu desolación, y a pesar de la experiencia dolorosa, Dios está tratando contigo, porque precisamente el desierto es un espacio para la transformación.

    Dependiendo de la actitud que tomemos saldremos del desierto con más madurez espiritual, con más conocimeinto del Señor o por el contrario, si cerramos el corazón, anquilosándolo en la queja… y no permitimos que «el maná» nos alimente… entonces, la transformación será hacia la desesperanza y la amargura.

    Necesitamos del Pan de vida, para establecernos con seguridad, fuera o dentro del desierto.

    «Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.» [Juan 6. 35]

    Nuestro problema es: «… que aunque me habéis visto, no creéis.» [Juan 8. 36b]. Si pasas por el desierto, no olvides que en algún momento anterior has sido testigo de las maravillas que Dios hizo en tu vida… sólo cree, cree en el poder del Señor, y la transformación que provocará en ti el desierto será más conocimiento de Él y más fe.