lunes 18/09/2023.

Hola!

Donde dije digo, ahora digo Diego!

Retractarse de un discurso, u opinión emitida, es por supuesto, un derecho que tenemos todos… sobre todo si genuínamente está la intención de arrepentimiento de lo dicho; si hay una actitud que pretende reconocer la equivocación para rectificar. Dicho esto, resulta que la frase o locución se refiere presisamente a cuando «digo algo en lugar de lo que había dicho», pero … sin reconocer honestamente que me había equivocado, sino que se descubre una connotación negativa, llamémoslo: algo que persiste de manera subliminal en el que se desdice, porque lo más común es negar que había dicho «eso,» ó que los que escucharon… interpretaron mal!

Así, este tipo de frase hecha se refiere a la critica hacia quien ha cambiado sus palabras después de dichas, a sabiendas y por propia conveniencia, sin real arrepentimiento.

Generalmente, este tipo de rectificación ocurre ante una situación de presión externa al que habla… que cuando se percata de lo «mal» que suena lo que dijo, vuelve a intervenir para aclarar su posición de manera contradictoria; pero todos observan una falta de coherencia al cambiar de postura, o decisión o la promesa dada. Ya sabemos, el ejemplo clásico en esto: los políticos, habrá alguna excepción como en toda regla… pero, nosotros no hablamos de política, sino de lo que compete a los hijos de Dios.

Por lo anterior, es recomendable siempre, pensar antes de hablar, analizar antes de comprometerse o prometer, para no tener que verse en la tesitura de cambiar el «dije» por el «Diego.»

La sabíduria de lo ALTO, enseña que no te amarres a tu dicho, a no ser que realmente puedas mantener la palabra dada, una de las amonestaciones es: «Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios.» [Proverbios 6.2] Aunque, específicamente en esta porción de Proverbios el enfoque se refiere a prevenir al discípulo contra los abusos que suelen ser objeto los fiadores, pensad que el que compromete su opinión, también se hace esclavo de sus palabras, y en una situación de presión social, puede que tenga que retractarse de lo que dijo… aunque no le guste, aunque internamente piense o crea diferente. No creas que no serías capaz de decir algo contrario a lo que crees o piensas para «rectificar alguna postura que va de frente a los parámetros socio-políticos-culturales en que nos momevos,» porque Pedro, conociendo personalmente al Señor le negó tres veces.

Seguir el consejo de Pablo a su discípulo Tito sería lo más sensato, ser «…retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.» [Tito 1. 9] Y así no caer en «dudas» sobre lo bueno-malo o en «dictámenes /sentencia/cita/compromiso/afirmación/negación» que no compaginan con la verdadera doctrina.