Hola!
Amar el amor.
Ser voluntarioso es una arísta de la personalidad que se aprende. Ciertamente muchas personas tienen un carácter que se persive por los que le rodean como firme, tenaz o caprichoso. Eso que decimos de otra persona: – ¡Que carácter gasta este!- porque la persona en cuestión, muestra siempre la misma forma de ser ante las situaciones diarias: firme, porfiado y pertinaz en un propósito, muestra su voluntad de realizar algo o permanecer en algo.
El carácter (con el que se nace), se puede modular de forma voluntaria con aprendizaje y mucha humildad, lo cual entonces ayuda a conformar una personalidad equilibrada y firme en la adultez de manera consciente, y no sólo atenida a los «jalones» o sin sabores que da la vida; la amargura que pudiera generar las malas o traumáticas experiencias de vida pueden marcar la personalidad de forma permanente, si no se trabaja en ello de manera consciente y con la intención de modular la interpretación personal del daño que pudiera engendrar dicha experiencia. Para ello tenemos los cristianos la Palabra del Señor, en primer lugar, también el consejo de un Pastor, el apoyo de un hermano, y por supuesto dado el caso, la atención especializada de un Psicólogo y/o Terapeuta.
Esta pequeña introducción sobre el carácter, la personalidad y la voluntad individual, me lleva a preguntame: ¿Cúal es el «atajo» que podemos usar para no ser amargados o angustiados en nuestra personalidad con cada tropiezo o dolor del camino diario? La respuesta que viene a mi mente: «… y no tengo amor, de nada me sirve.» [1 Corintios 13. 3]
Pues sí, es el amor el ancla que nos sitúa y sujeta en la capacidad de mirar a través de un prisma diferente a lo esperado en la circunstancia dura, difícil, traumática, dolorosa… pero dicho sea de paso, también es el prisma adecuado para interpretar las circunstancias dulces, felices o agradables. Sí, el amor nos situa delante de todo (y todo es todo), con una perspectiva distinta, porque sea lo que sea que esté sucediendo, darás lo mejor de tí mismo para resolver, arreglar, componer, ordenar y perdonar… de manera que tú mismo no dejarás que te dañe o te perturbe sea lo que sea que esté sucediendo. Esto… que te parecerá un «cuento de hadas,» no lo es. Ciertamente, lleva una alta cuota de voluntad, para superar los pre- juicios y per-juicios que culturalmente nos han inculcado… no estoy diciendo que todo es bueno… caeríamos en el llamado «buenísmo,» del cual conversamos anteriormente; estoy diciendo que calificando correctamente una situación, circunstancia o hecho… si lo auto evaluamos a través del prisma del amor no seremos víctimas del daño o vacío que de otra manera sufriría nuesta mente y nuestros pensamientos.
Por que si: «… no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.» [1 Corintios 13. 1b] Hagas lo que hagas, hazlo voluntariamente amando el amor… te hagan lo que te hagan, aún siendo justo/a evaluando lo que ha sucedido, que merece un feo calificativo, igualmente, párate y mira a través del prisma del amor… y no te causarán ni detrimento, ni perjuicio, ni menoscabo, ni dolor o amargura; podrás seguir adelante, dejando atrás ese trauma negativo que te hubiese imprimido esa vivencia no fácil o dañina.
Lee detenidamente, desde esta perspectiva el Capítulo 13, 1ra de Corintios… y hazte el propósito de amar el amor.

