Lunes 28/08/2023

Hola!

¿Quién puede tirar la piedra?

Ante una situación que pudiera traer como consecuencia un problema, un trauma o cualquier efecto negativo a una persona o a varias, nos postulamos de distintas maneras, porque según la experiencia personal, o la empatía que tengamos con el que realiza la acción o con quien recibe la acción interpretamos y calificamos el evento o el hecho, y muchas veces, en estos casos se hace gala de doble moral, porque nos posicionamos según tengamos una ganancia secundaria o lo que indique el sistema de opiniones.

Hay quien exagera lo sucedido o la actitud y le eleva a un estatus de “tremendo,” o  hay quien lo simplifica a tal punto que le resta toda la transcendencia que lleva en sí mismo el hecho, restando además responsabilidad a quien ejecutó dicha acción y restando consecuencias negativas a quien lo recibe.

Hay una postura que en la actualidad, está de moda… decir que algo no es malo… porque según se perciba, las cosas pueden relativizarse… y lo que es malo se le puede llamar bueno, y en el  otro extremo (que también se usa muchísimo), está el llamar malo, a algo que en su esencia no es malo y se divulga a los cuatro vientos para repercutir en el criterio colectivo, pues de esa manera, aunque el juicio sea incorrecto, hay una ganancia secundaria de cara a los poderes.

Existe un código humano moral y de valores que a través de él se pueden clasificar situaciones o eventos, y la toma de decisiones; me refiero a la  Ética, y su rama más humana la Bioética,  la que constituye un pilar para las buenas costumbres, para la educación social e individual; cuyo sustrato son la libertad individual y el respeto al otro; y esos principios éticos-bioéticos se ponen  de manifiesto teniendo respeto a la autonomía, practicando la beneficencia (una ecuación entre costo y beneficio), pensar en la no maleficencia (es decir, no hacer acciones malintencionadas), contribuir a la justicia,  que se refiere a la equidad en la  distribución de recursos y beneficios. Tenemos ejemplos clásicos como: el respeto a la vida humana en cualquiera de sus facetas; la libertad de tomar la decisión de no infringir la Ley (matar, robar, asaltar, violentar, etc.), cuidar de los seres indefensos, no promover conflictos entre creencias religiosas / políticas / filosóficas.

Pero, para los cristianos hay más, porque el relativizar los valores éticos y de juicio que están sustentados por la sabiduría divina, que recoge la Biblia: la Palabra de Dios, constituye la manera más factible de llevar al plano mundano el Evangelio; de tal manera, que las cosas que el Evangelio censura, se colocan a través del prisma del BUENÍSMO, esa actitud que ante conflictos, cede con benevolencia, con excesiva tolerancia, con tal de que la persona requerida no se sienta ni enjuiciada, ni criticada, ni amenazada, lo que provoca que esa persona deje de tomar decisiones con responsabilidad, autocritica y arrepentimiento… es decir: cuando hablar de un pecado, de forma superficial, comparándolo con otro que “luce” peor; se da entender al implicado que no es tan malo… que podía ser peor, o se banaliza y justifica estilos de vida mundano y pecaminoso, dada la avalancha de criterios de lo mundano que llega a modular la conducta de los cristianos, de forma que se «suaviza» o «edulcora» la verdad.

Ese buenísmo que presume de verlo todo bueno, por dictado de un sistema social, por ejemplo, y que no considera el orden moral verdadero como fundamento de una vida, realmente no está acorde con los parámetros que promulga la Palabra en todo su recorrido. Puede que exista mucha ingenuidad, y no malas intenciones en llamar a lo malo bueno… pero aún el no conocimiento no exime de culpa.

“¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”     Isaías 5.20 NVI

Ese buenísmo que se complace en sus seguidores, con una argumentación muy loable: ser solidario, ser tolerante y mantener diálogo… puede que provoque más que bien, confusión. Y «puedes» ser solidario y tolerante con quién ejecuta el mal, y supuestamente está ejerciendo su derecho, lo cual no es bueno (aunque te lo pinten como bueno). Cuidado con ese pensamiento BUENISTA, que se cree que el fin justifica los medios… y para “salvar” a la humanidad, intenta cualquier camino, veamos: si una mujer fue violentada, y queda embarazada, ese ser humano que lleva en su vientre no tiene derecho a nacer porque será el recuerdo para la madre de un hecho doloroso, y ella estará traumada por siempre; si es necesario conquistar la paz matando en un guerra, pues no es tan malo matar al enemigo… si salvar la naturaleza implica manipular la libertad del ser humano, pues se ve como justo… si fomentar el amor y la familia, implica un libertinaje desmedido y cambios radicales en el modelo de familia, pues sea, para que “triunfe el amor.”

Ser bueno y justo, no es ser buenísta: Leed con atención Juan 8. 8- 11 NVI

“E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. Entonces él se incorporó y le preguntó: –Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?–Nadie, Señor. –Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”

Jesús, no enjuició, no condenó… Jesús fue bueno y justo. La idea central de este pasaje es: Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. El cristiano no enjuicia, tampoco debe tolerar, ni pasar la mano al pecado… sino que al pecador le  dice la Nueva Buena… para promover en él el arrepentimiento y la conversión.