Lunes 14/08/2023.

Hola!

El AlentarAlertar que muestra la Palabra.

Si tuviese que resumir, dos objetivos que cumple siempre la Palabra de Dios diría: Alentar y alertar a quien la escudriña.

Las Escrituras, nos alienta a conducirnos con sabíduría, en justicia y humildad, nos infunde esfuerzo, nos da vigor y seguridad al que profesa la fe. Y, tambíen, las Escrituras nos hacen un llamado a estar vigilantes: a estar atentos, nos alerta.

Si observamos en totalidad los Libros sapienses, como Salmos y Proverbios; salta enseguida a la vista una serie de consejos y estatutos que alientan al lector a conducirse según los principios de la Sabíduria, seguir esos principios librará al actor de múltiples consecuencias negativas. Todos los Libros que basan su contenido en la Profesía, avalan el para qué y por qué del cumplimiento de los estatutos. Ejemplos ilustres son los Libros de los profetas Mayores y Menores; marcan las claves de cómo el Señor alienta y alerta a su Pueblo.

«¡Ya se te ha declarado lo que es bueno! Ya se te ha dicho lo que de ti espera el Señor: Practicar la justicia, amar la misericordia, y humillarte ante tu Dios.» [Miqueas 6.8]

«Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.» [Daniel 10.19]

El Nuevo Testamento, Los Evangelios muestran cómo el Señor directamente alienta y alerta a sus díscipulos y a quienes escuchan sus enseñanzas o son testigos de sus milagros, al igual que en cada uno del Libro de los Hechos y las Epístolas.

Pero, la seriedad que encierra la afirmación que alerta sobre el futuro seguro del que niegue al Señor, es de sabios tomarla en cuenta:

«Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.» [Lucas 12. 8-9]

«Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él;
Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará.
Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.»
[2 Timoteo 2. 11- 13]