lunes 17/07/2023.

Hola!

Estar extraviado.

¿Te has preguntado: hacia dónde voy? ¿Qué ruta estoy siguiendo? ¿En algún momento te has sentido fuera del camino? El adjetivo PERDIDO/A, significa que se ha salido de su ruta y no sabe llegar a su destino. Así que: Primero, tienes que saber cuál es el destino al que pretendes llegar; Segundo, tienes que conocer la ruta que te lleva a ese punto; desde ésta perspectiva, podrás responderte: ¿Sigo la ruta que debo o estoy extraviado/a?

Siendo más detallistas al respecto, podríamos decir que, en muchas ocasiones, a pesar de conocer hacia donde caminar (por dejadez, pereza, agotamiento o deslumbramiento con otras cosas)… nos alejamos de la ruta y nos perdemos. Esta tesis es aplicable a muchas áreas de la vida tanto a nivel físico como a nivel espiritual, porque cada cosa que hacemos es bajo la constancia para alcanzar un propósito, y si dejamos de pensar, hacer y decir lo que vale para encaminarnos a ese fin, sin duda nos adentraremos en una ruta distinta, una ruta que nos separa, nos aparta del fin perseguido, y provocará que nos perdamos. Ya en ese nivel, retomar o remontar nuestro sendero se hará difícil (no digo imposible), generalmente se convierte en una cuesta arriba.

Ahora, la clave está en la primera pregunta que expuse en el párrafo inicial: hacia dónde voy?, puede que nunca te lo hayas preguntado, ya que sigues la «corriente,»como ese dicho que reza: ¿Hacia dónde va Vicente?… Hacia donde vaya la gente; por lo que simplemente, aún no te has detenido a pensar en ese final, o tal vez, ya tenías una causa para seguir adelante y te has alejado de su ruta, de forma consciente y premeditada.

Hasta aquí hemos visto si te has trazado o no un camino… y si lo sigues o te alejas de éste… pero, me gustaría ir un poco más allá: ¿Qué es lo que realmente quieres?¿Lo que pretendes es alcanzar la Verdad ó, a lo que llaman verdad en este mundo? Una gran diferencia separa estos dos caminos; la Biblia desde el Antiguo Testamento, compara el estar en la Verdad con permanecer dentro del redil [aprisco cercado o también una situación de quien continúa en un lugar o estado]; salir del redil convierte a una oveja en descarriada/ extraviada/ perdida.

«Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.» [Ezequiel 34. 15-16]

Los ejemplos sobre este tema más mentados por todos están en el Nuevo Testamento, y son las tres parábolas que expresa el Señor referiéndose a la alegría y gozo que provocan en el Cielo el rescatar al perdido: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo (Lucas 15 y Mateo 18). Sin embargo, la historia de la conversión de Zaqueo es el ejemplo vivo de lo que venimos diciendo y la conclusión, es clara: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.» (Lee Lucas 19) Observa el camino que hasta hoy has recorrido, y hacia dónde te llevará, evalúa si estás o no dentro del «redil,» déjate rescatar por el Señor, habrá gozo por tí, y se cumplirá su voluntad: «Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.» [Mateo 18. 14]