Hola!
Pocas palabras.
Es frecuente que luego de pasar varios «sofocones» decidas reducir la frecuencia con que hablas. A veces se repite lo que se oye, sin dar importancia a que se repite algo sin antes analizar si es bueno, si es cierto y si vale para algo repetirlo… el resultado es sorprendente, casi siempre, en tono negativo… hubiese sido mejor guardar silencio. Otras veces, por simpleza se habla por hablar, ocupando un tiempo precioso y compartiendo información innecesaria constantemente. O tal vez te gusta opinar siempre, aún de los «temas» que no sabes al dedillo, pasando por tonto/a al expresar un sin número de ideas no certeras. Aún, hay muchos más ejemplos en los que se habla de más… eso que se habla sin mediar un «filtro,» antes de «disparar» palabras (igual que se lanzan piedras) deberiamos evitarlo, mejor evaluar a nuestro interlocutor, y medir cuidadosamente las palabras que le diremos porque guardar ciertas cosas para uno/a mismo/a, es sinónimo de discrección en ocasiones y en otras ocasiones de no provocar daño.
Por otra parte, si tiendes a hablar demasiado para impresionar a los demás, es mejor que los demás se impresionen más por lo que dices que por cuantas palabras y cuanto tiempo usas en hablar.
Para hablar menos, además de intentar decir sólo lo que ya fue meditado, sería inteligente desarrollar la habilidad de escuchar. Escuchando se va sopesando: ¿qué tengo que opinar al respecto o no?
Proverbios es un libro repleto de consejos para aprender a controlar lo que se habla, son consejos sencillos y profundos:
1.- Para el que habla mucho sin más:
«El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.» [Proverbios 10.19-NVI]
2.- Saber decir lo justo y correcto en el momento apropiado:
«Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es oportuna.»[Proverbios 15.23-NVI]
3.- Si prefieres que te consideren confiable:
«La gente chismosa revela los secretos; la gente confiable es discreta.» [Proverbios 11.13]
Un detalle más, no sólo con nuestros semejantes debemos ser prudentes y hablar de forma calmada, concentrada y honesta, sino al comunicarnos en oración con Dios es fundamental:
«Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras.» [Mateo 6.7-NVI]
Tener en cuenta el control de lo que hablamos, según el Señor Jesús no es poca cosa:
«Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado. Porque por tus palabras se te absolverá, y por tus palabras se te condenará.» [Mateo 12. 36-37- NVI]

