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Por qué y para qué.
La columna que sostiene al cristianismo es sin duda, pensar como verdad en el sacrificio que sufrió Cristo que como cordero fue llevado al matadero, porque era necesario purificar a la humanidad de pecado, y sin derramamiento de sangre no se hace remisión (Hebreos 9.22), para luego resucitar y corroborar el Plan de Salvación que Dios tiene para los hombres, así dice la Palabra que el propio Jesús dijo: «- Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» [Juan 11.26]
Dios ama a su creación y le ha propiciado el camino, la verdad y la vida: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.» [Juan 3. 16-17]
¿Por qué?
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.» [Génesis 1. 27-28]
Ciertamente el hombre y la mujer tenían y tienen la libertad de sojuzgar a toda la naturaleza, y la capacidad de multiplicarse, sin embargo al transgredir el amor de Dios, se ha truncado el propósito inicial; el hombre ha desbastado la naturaleza, ese complejo de grandeza y orgullo de superioridad ha venido a ser su propia ruina, al punto que ya multiplicarse puede ser un problema y respetar a su propia especie deja de ser bueno. Vivió y vive entre guerras y conflictos con tal de dominar y el propósito de «sojuzgar y señoread» era sobre la base del amor y no sobre el orgullo y la vanagloria, pues: «Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.» [1 Juan 3.4]
¿Para qué?
«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.» [1 Juan 3. 2]
Si puedes testificar que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida es su Hijo, y tienes la esperanza en Él puedes purificarte como mismo Él es puro; pues el Padre nos ha dado tal amor para que seamos llamados Hijos de Dios, quien no conoce esto no conoce al Redentor, y sin Él no hay Salvación. (Lee 1 Juan)

