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Las bienaventuranzas.
Dichoso, feliz o digno de ser felicitado es el significado de llamar bienaventurado a alguien. Jesús en el Sermón del monte, (Mateo 5.1-12; Lucas 6. 20.23) hace gala de las caracteísticas, del carácter, por el que debe esforzarse cada uno de sus seguidores para ser llamado por él bienaventurado.
Llama la atención que cada versículo expone una paradoja, es decir, Jesús hace afirmaciones que parecen contradecir el sentido común, pero eso que él describe son los verdaderos valores del reino de Dios.
Tambíen los Salmos recogen en muchas oportunidades la palabra bienaventurado, cuando se refieren a esos valores que deben observarse en los hijos del reino de Dios:
Salmos I: «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.»
Así que el Señor en ese Sermón especial, hace alusión a cada Salmo que habla de cuando pueden ser llamados dichosos aquellos que hacen la voluntad del Padre.
Jesús ministra innumerable veces a la gente, según recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino, y sanando enfermedades y dolencia a los que se le acercaban. Siendo ya insostenible negar su fama, hablaban de él por toda Siria (esta mención de Siria, puede referirse a toda la provincia romana, que incluía a Palestina, y otras regiones vecinas o en especial al norte de Galilea*). Para entonces mucha gente le seguía, de Galilea, de Decapolis, de Jerusalen, de Judea y del otro lado del Jordán; entonces, justo despúes de toda esa obra dice su primer discurso, y lo hace desde un monte, donde era visible por todos, y sentado como solían hacer los rabinos cuando impartían las enseñanzas, sus discípulos cerca de él escuchan y la multitud prestaba atención. [relatoria de Mateo 4.23-25]
1ª.- Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Los pobres en espíritu; se refiere a los que no ponen su esperanza ni su confianza en los bienes materiales de este mundo, sino en Dios. Es cuando reconoces que Dios es tu confianza, con humilde corazón aceptas que Jesús, por Gracia y Misericordia, es tu salvador.
No es casualidad que Jesús dijera esta bienaventuranza de primera, es la base de toda la vida del cristiano.
2ª.- Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Los que lloran, los que sufren. Este versículo rememora lo que dice el Salmo 126: «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.»
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.» [Salmos 34. 18]
Y se refiere, por supuesto también, a los que claman ante él con corazón contrito. El arrepentimiento que causa dolor, y lleva al perdón. En 2ª Corintios 7. 9-10, Pablo explica ese tipo de tristeza y el consuelo que recibe aquel que la sufre, que no tiene nada que ver con el sufrimiento por pérdidas materiales: «Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.»
3ª.- Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
El de espíritu manso y humilde, no reacciona humanamente, ni con orgullo ante las circunstancias negativas, sino que espera con paciencia la dirección de Dios para actuar de acuerdo con su voluntad.
El Salmo 37 repite esta idea en varios versículos: » 1No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.» «11 Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz.»
4ª.- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Es decir, verán la manifestación de la justicia de Dios; aquellos que esperan y buscan la justicia de Dios, que luchan por esa justicia, verán el cumplimiento de la voluntad de Dios.
A lo que Isaías 55.1-2, estimula es «A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.» Porque se refiere a esa hambre espiritual, al alma que anhela la presencia de Dios en su vida.
5º.- Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
La misericordia de Dios se refiere, a recibir lo bueno sin merecimiento, tiene que ver con la compasión. Si eres misericordioso de corazón, ten pon sentado que ganarás la misericordia divina.
«El que sigue la justicia y la misericordia Hallará la vida, la justicia y la honra.» Proverbios 21.21
Este proverbio enlaza con la siguiente bienaventuranza:
6ª.- Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
La sinceridad, el corazón sin malicia ni doblez en la actitud para con Dios, y con el prójimo, es una cualidad que acerca al ser humano a Dios. Porque Dios sopesa los corazones, sin lugar a dudas. «Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones.» [Proverbios 21. 2]
7ª.- Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Hasta ahora cada bienaventuranza habla sobre el ver a Dios, o acercarse a su reino, esta en particular habla de ser hijo de Dios, y ¿A quién se puede llamar hijo de Dios? Los creyentes en Jesús, que son adoprtados hijos de Dios, nacidos del Espíritu.
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» [Juan 1.12-13]
8ª.- Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
He aquí el colofón de las binaventuranzas:
. ser perseguido,
. la causa directa: creer el evangelio, esperar en la justicia de Dios y permanecer fiel a Jesús,
. la ganancia: el reino de Dios.
Actualmente en muchos países los cristianos son perseguidos literalmente, son encarcelados, les prohiben la tenencia de la Biblia y hablar sobre el evangelio, los vituperan y acosan. Otros sufren una persecusión más solapada, aquella que implanta la sociedad atea, o la sociedad que constribuye a la idolatría y falsedad en todo ámbito. En cualquiera de estos casos, el mantenerse fiel a la Palabra, y creer en las promesas dadas por Dios a sus hijos hace que se produzca el milagro: la recompensa consiste en recibir el reino de Dios. Y aún más puede que sean librados como Daniel y sus compañeros. [Daniel 3]

*Comentarios de Biblia de estudio Reina Valera 1995.
