Hola!
Hablar de más.
¡Las personas muchas veces nos comportamos de forma abierta y sincera, o así nos lo creemos! Creemos que decir o expresar lo que nos viene a la mente sea momento, lugar o situación inoportuna/oportuna, es justo lo que nos convierte en una persona honesta y sincera. Y normalmente este mal hábito hará daño, a los que nos escuchan y a nosotros mismos.
Para todo hay un tiempo y un momento oportuno, y no todo lo que nos pasa por la mente es lo que justamente debemos «soltar» en una situación que no es la adecuada. Es decir, perdemos la capacidad de «filtrar» nuestras palabras antes de decirlas públicamente; eso de ser «trasparente» nos envuelve en una supuesta honestidad y lo único que logramos, muy probablemente, es dañar a quien nos escucha. Dejar que la lengua «suelte todo» sin nuestro control, ni con la mínima consideración al oyente es una necedad, lo que llaman por ahí, perder la compostura.
Alguien una vez dijo: Si dices cosas fuertes, feas, insultantes… serán como pequeños clavos amartillados en una tabla, luego que intuimos que fueron palabras desafortunadas… «extraemos los clavos de la tabla,» con mil disculpas; sin embargo, la tabla queda marcada inexorablemente por los huecos que hicieron los clavos.
Por otro lado, aun siendo necios en un perfil dado, podemos pasar por sabios cuando tenemos la destreza de callar, «Aun el necio cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente» [Proverbios 17.28] Esto es, si a la falta de conocimiento en una área nos acompaña un poco de prudencia. Aunque en la realidad de la vida del necio es dudoso que tenga además prudencia; así este proverbio nos enseña que si aún pensando algo no sano somos capaces de callar en el momento oportuno, nuestro corazón no queda desvelado ni pasamos por necios. Por lo que explica la Palabra debemos entender que la necedad es incompatible con la prudencia, «El necio no se deleita en la prudencia, sino solo en revelar su corazón» [Proverbios 18.2]
Recordemos que nuestro corazón es engañoso, (Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá ? [Jeremías 17.9] ), es imperfecto por nuestro pecado; no es inteligente exponer nuestro «corazón» en público de manera abierta y sin frenos, las consecuencias serán sin duda dolorosas.
El «jarabe» que se forma de mezclar la arrogancia con la distracción al hablar lo no apropiado, puede traer un resultado negativo y totalmente opuesto al supuesto de hacer un bien, como dice el dicho: fue más malo el remedio que la enfermedad. La Palabra nos recuerda, «… el necio es arrogante y descuidado.» [Proverbios 14.22b] Controlar un corazón inmaduro, nos dará la posibilidad de no dañarnos a nosotros mismos, siendo prudente y esforzándonos a aprender para controlar nuestra lengua, se evitará mucho mal, porque en la boca del necio hay una vara para su propia espalda, «En la boca del necio está la vara de la soberbia…» [Proverbios 14.3 a]
Las palabras tienen un efecto bumerán, tarde o temprano vuelve hacia nosotros, puedes quedarte sin un empleo por faltar el respeto a tu supervisor, aún cuando puede que tengas razón, puedes perder a amistades o familiares por proferir insultos o juicios hacia ellos, y puedes dejar de ser respetado por haberte pasado de improperios con alguien.
Lo contrario de la lengua de un necio es la boca que protege a uno mismo y a los demás, sin dejar de decir la verdad, teniendo en cuenta el ejemplo de Jesús que cuando padecía no amenazaba, cuando fue ultrajado no respondía de la misma forma, sólo encomendaba al Padre que juzga con justicia. [Lee 1ª Pedro 2. 21-23]*

*Basado en la reflexión de un artículo de José Mendoza. Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio.
