lunes 13/02/2023.

Hola!

No tengo nada para dar.

En múltiples ocasiones, se nos presentan unas circunstancias que prueban nuestra generosidad, voluntad para ayudar a otros y dar de lo que poseemos. El caso es que siempre que hablamos de personas que están en una situación de necesidad imaginamos el hecho de dar dinero, bienes materiales, comida, ropa, mantas y abrigos, medicamentos, etc. Sí, estará de acuerdo conmigo, porque es habitual que así pensemos y hagamos, las obras de caridad siempre han caracterizado a aquellos que creen en Dios, pues la Biblia menciona claramente la importancia de compartir con otros, de asisitir a los demás en sus necesidades. [Mateo 25]

Pero, hay más. El acto de regalar o compartir cosas con otros, no es todo, sino dar también es: compartir tiempo, visitar, escuchar, aconsejar, enseñar… hay una cosa más, que por mencionar ésta en última posición no disminuye su importancia, y mucho menos lo conveniente que es: orar por los otros.

Orar por los otros, es un acto de amor, de caridad, y sacrificial. Al orar por los demás, participamos activamente en el plan de Dios para el mundo. Orar por nuestros hermanos y hermanas en Cristo es un medio por el cual compartimos las cargas de todo el Cuerpo. Orar con fe por otros mueve al Señor a la misericordia y se desarrollan milagros.

Lo curioso es que Jesús indicó (Mateo 5.44; Lucas 6.28) que orasemos no sólo por nuestros cercanos, sino que también oremos por los enemigos: los que no creen en Él, los que vituperan a los crisitianos, los que creen en dioses falsos, los ateos, y todos aquellos que en nuestra pequeña mente no cabe la posibilidad de que Dios les puede perdonar y aún más hacerles participe de su Gracia. Pablo, el llamado a ser apóstol, creía en el Dios de los judíos, el mismo Dios que envió a su hijo a este mundo para ser mediador y salvador de todos los que creyesen en Él… más Pablo fue perseguidor de los seguidores de Cristo, y un día El Señor le demostró que iba a ser su discipulo, a pesar de su terquedad.

La oración de intersección es poderosa, es Cristo quien la enseña, la practica y nos anima a hacerla. Al orar intercediendo por los demás  estamos imitandole a Él, quien intercede con Dios Padre en nuestro nombre [Juan 17.9] «Yo ruego por ellos.»

La tesis de: «no tengo nada que dar,» no es excusa, pues tal vez las circunstancias en que te encuentras no te premiten deshacerte de algo para compartir, puede ser que estés necesitando ayuda tú mismo… sin embargo eso no te incapacita para ser un intercesor por los que te rodean, por los que te vituperan o por tus enemigos.

Orar insistentemente por los que sirven en los ministerios, los que pastorean la Iglesia o están en posición para el servicio del Cuerpo, es una tarea encomendada a todos los fieles con frecuencia en el Evangelio:

«…orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos… por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio» [Efesios 6.18]

Una manera de dar es orar por el otro. Y no importa la distancia física, no importa lo lejos que esté por quien oramos, ni interesa que sepa que oramos por el/ella, Dios es fiel.

El principio de la oración debe ser para que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas y en la vida de otros, porque todo aquel que hace la voluntad del Padre permanece para siempre. [1ª Juan 2. 16-17]

«Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.»[1ª Timoteo 2.1-4]