lunes 23/01/2023

Hola!

Tú vida, en qué se centra?

Siempre hay un punto de partida, seguramente en la mayoría de los casos, éste inicio es «impulsado» por los padres o tutores del niño… estos adultos serán los educadores y propiciadores de que ese niño dé pasos… los primeros, al llegar a la adultez una serie de «principios» aprendidos rigen el comportamiento, los valores y la filosofía de vida de la persona, sin embargo llegado un punto, cada uno se enfrentará a interrogantes personales: quién soy? qué hago y haré con mi vida? qué propósito tengo? en qué centraré mi vida?

Y la respuesta a esas interrogantes, te dará la pista…para saber en qué se centra tu vida.

Si, decimos que nuestra vida debe estar centrada en el evangelio, pues claro que muchos estarán satisfechos con esa repuesta… pero cómo se evidencia tal decisión?

Puede que digamos, es fácil, evangelizar mucho, o ser “muy espiritual” y muy “bendecido”o otros, dirían llevaré una vida libre de vicios… etc. Estos aspectos no están mal encaminados.

Un conjunto de cualidades visibles en una vida que está siendo transformada por el mensaje del evangelio no son solo virtudes a las que deberíamos aspirar, sino el producto de la obra del evangelio a través del Espíritu Santo en nosotros. Habrá una transformación regeneradora.

Hay indicios que evidencian la obra del Espíritu, previa disposición, la obra se hace real.

1. Arrepentimiento

Una vida que atesora y depende del evangelio, es una vida creciendo en consciencia de su propio pecado. Vivir en la luz, es estar dispuestos a confesar nuestros pecados.

Comprender que nuestra identidad está en Cristo, la consciencia de pecado nos vuelve humildes ante el Señor.

Al reconocer que ante los ojos de Dios ya somos declarados inocentes, estamos más abiertos para hablar de aquello que Él perdonó

2. Ternura hacia los demás

Unos de los frutos del Espíritu son la paciencia y la benignidad. Cuando las cosas “salen de nuestro control”, la persona siendo transformada por el evangelio a través del Espíritu Santo, tendrá un trato tierno y un amor visible hacia las personas a su alrededor. Será lenta para enojarse, dispuesta a aceptar y amar a los otros a pesar de sus fallas y ofensas, porque recuerda el cuidado y la paciencia de Dios.

3. Servicio a otros

Si Dios y su evangelio están obrando en nosotros, nos estaremos pareciendo más y más a Jesús. Pablo nos llama a considerar “al otro como más importante que a uno mismo”.

Una vida que está siendo transformada por el evangelio se sacrificará y preocupará por otros antes que por sí misma.

4. Participar en el crecimiento del Reino

Además de que nuestro carácter se irá transformando al centrar nuestra vida en el evangelio al echar raices en la Roca, el evangelio produce algo en nuestras prioridades. Al conocerlo y depender de él todos los días, nos encontraremos más preocupados por la misión de compartirlo con el que necesita de Dios, este amor se manifestará tanto en servir a sus necesidades materiales sea el caso como en compartir con esa persona el mensaje del evangelio.

Resumiendo una vida centrada en el evangelio no está alejada de la realidad de la vida cotidiana, sino que produce ciertas cualidades en el cristiano. Esta transformación inicia adentro y se mueve hacia afuera, manifestándose de forma testimonial.