Hola!
Una decisión.
Las decisiones que tomamos cada día según sea el caso, marcan un inicio. La decisión es el preámbulo para abordar un nuevo camino… la decisión aún no es estar en el camino.
Veamos algunos significados dentro del contexto de la cristiandad:
Salvación: rescate, liberación, redención. En nuestro léxico cristiano la Salvación se refiere a la garantía y seguridad que disfrutamos al sabernos redimidos por el Señor Jesúscristo (único y suficiente salvador), al creer en Él y su Obra.
Gracia: indulgencia, merced, misericordia y piedad. Por Gracia alcanzamos la salvación. Por Gracia Dios nos redime.
Merecimiento: mérito, derecho propio.
Conversión: conlleva acción, dejar de ser y hacer lo que eras y hacías. Nacer de nuevo.
Habitualmente afirmamos… si has tomado la decisión de seguir a Cristo Jesús ya eres salvo! Si… porque la escritura dice: Todo aquel que en Él cree, no será defraudado. (Romanos 10. 11.)
Creer: Tener por cierto, aceptar como verdad, tener fe en la Verdad.
Hagamos una analogía:
… También los demonios creen, y tiemblan. (Santiago 2. 19) He aquí, donde debemos reflexionar…
Puedes creer en Cristo Jesús, saber que existe, y haber escuchado de su Obra, aún puedes decir: Sí, Cristo es el hijo de Dios y resucitó de entre los muertos… sin embargo, a la vez también, puedes ser vano, simple, y orgulloso al desechar la posibilidad de nacer de nuevo, negarte a entrar por la puerta angosta, de admitir a Cristo como tu salvador personal. Cuando esa fe es vacía, sin obras, sin expresar el renacer en la Verdad, no vale de nada haber dicho que tomaste una decisión… si no ejecutas lo que conlleva esa decisión: ser un hombre nuevo; estar convencido (luego del arrepentimiento que provoca el quebrantamiento al conocer al Señor), que El Señor te salva por gracia y no por merecimiento, ese si es el corazón que cree para justicia y la boca puede confesar para salvación, y entonces con la ayuda del Señor trabajarás en una fe viva, no muerta, pues a través de las obras se muestra la fe. (Santiago 2. 18)
La decisión de fe, es el inicio de un camino a la santidad, es el primer paso, no es ir tras una ley sin fe, sólo dependiendo de hacer obras de la ley… porque tropezarás con la Roca… y sólo el que en Él crea será salvo. Hay que ser precavido, una cosa es tener celo de Dios y otra es tener el verdadero conocimiento de Dios. El fin de la Ley es Cristo para justicia a todo aquel que cree. Lee detenidamente el pasaje en Romanos 9. 30 – 10.
Imaginemos, das tu palabra y te comprometes por tanto a cumplir lo que dices…
Dios está en su santo templo y conoce nuestros corazones… si dices con tu boca: Cristo es el Señor, y en tu corazón piensas:
– «…Bueno…pero este hábito, este gusto, esta pasión, que me hace sentir tan a gusto… no la voy a desechar… ya Dios entenderá que eso me hace «feliz»… y me lo dejará pasar…» Si es así, como has pensado, puede que deberías centrarte más en lo que estás diciendo y haciendo… porque el Señor es fiel y es justo.
«Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.» [1ª Juan 6-10]
Ejemplifiquemos lo que estamos analizando: No se puede pedir peras al Olmo… ¿no?
Así como mismo este dicho popular refleja que es imposible que nazca fruto de un tipo en un árbol de otra especie… así mismo un cristiano se puede auto evaluar por sus frutos… un árbol malo no puede dar malos frutos e inversamente un árbol bueno no puede dar malos frutos. No puede, simplemente es una ley… lo bueno da buen fruto y lo malo da mal fruto.
«No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto.
Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.» [Lucas 6. 43-45]

