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VII
El temor a Dios vs la necedad.
La Palabra describe otro punto de vista, dice que el Dios vivo es el creador y que sustenta todo lo que habita.
“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos.” [Salmos 24. 1-2; Salmos 89. 11]
“Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos.” [Hebreos 1. 10]
Más, el necio afirma que Dios no existe.
¿De qué manera identificamos a alguien que es necio? Fácil, además de negar la existencia del Dios vivo, sus caminos le alejan de la Verdad, e insistirá en arrastrar a todo el que se le acerca a que comience a interpretar el mundo según su propia opinión. El necio cierra la posibilidad de búsqueda, de sopesar criterios, no admite una declaración contraria a su criterio y puede que hasta se acalore en una conversación ante la negación del otro de una opinión distinta a la suya.
El necio se aleja de la sabiduría. Se encierra en su posición de que todo debe ser probado físicamente, y lejos está de temer al Dios vivo, de respetar y reverenciar su Magnificencia y Potestad.
Y realmente es una perdida de tiempo mantenerse en la postura de la necedad, la sabiduría del hombre es vana… por muchos argumentos y “pruebas científicas,” siempre quedará pendiente una duda por resolver, una teoría que probar. Y habrá que volver una y otra vez sobre pistas, tesis, con tal de argumentar esa hipótesis, de la inexistencia de Dios.
La inmensidad del conocimiento divino es inalcanzable por la mente humana, aún.
“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” [1ª Corintios 13. 12]
Aquí la escritura describe qué es el Amor de Dios, y cuando se manifieste totalmente en la presencia del Dios vivo, Cristo Jesús: lo que es en parte se acabará, será entonces la perfección.

