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VI
El temor a Dios vs la necedad.
Hemos concluido que el temor a Dios se designa en una actitud de respeto y reverencia hacia Dios, y todo lo que ello conlleva, que es amar a Dios, fidelidad a su Palabra y obediencia a sus mandamientos.
La necedad es, según lo que sabemos, una cualidad que se refiere a un ser ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. Alguien falto de inteligencia o razón. Terco y porfiado en lo que hace o dice.
La Palabra de Dios va más allá para cualificar a una persona necia:
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien.” [Salmos 14.1; 53.1]
Por lo que entiendo en estos versículos… necio es aquel que niega la existencia del Dios vivo, porque no tiene el don de la fe, porque deliberadamente busca argumentos que demuestren la inexistencia del Dios vivo o por que su orgullo no le permite ver más allá de su tesis y se niega a escuchar o analizar todo lo que afirma que Dios es.
Así el necio va por el mundo implicando a todo el que le rodea en su afán de negar a Dios. Se pavonea de sus conceptos sobre la naturaleza y todo lo que hay en el Universo, se enorgullece de su supuesto conocimiento del mundo, de la teoría de la evolución que “prueba” un mundo físico sin intervención divina en su formación. Así lo describe la Escrituras en Proverbios: “… la boca de los necios hablarán sandeces.” [Proverbios 14. 33b] Y el necio también, muchas veces se burla de llevar una vida pecaminosa.

