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II
Resiliencia.
Así pues, la resiliencia es la cualidad de adaptarse a los cambios que provocan situaciones estresantes de la vida, y además recuperarse en caso que ese cambio fuese traumatizante. Es responder de una forma ordenada a la tragedia o crisis negativa, sacar aprendizaje del evento que provoca sufrimiento, y no quedarse anclado en el sufrir, sino levantarse y seguir adelante. No es resistir… no es aguantar, es tomar una conducta de aprendizaje y sanación a partir de un hecho duro, de una desgracia.
La Biblia nos muestra muchos pasajes que nos habla de resiliencia, la capacidad de muchos de levantarse y seguir adelante. Los ejemplos más mencionados son el de Job… todo lo perdió, y se mantuvo firme de tal manera que confesó que el sabía de Dios… pero ahora, luego de sus perdidas conocía verdaderamente al Señor. Su fe, dio frutos, y el Señor le premió. Fue resiliente.
El enemigo de la resiliencia es el abandono, suponer que todo está perdido, acabado o destruido… la situación está fuera de nuestro control y ya no volverá a una dirección correcta… y si perdemos la fe, y olvidamos que Dios está en control, abandonamos y somos derrotados, y si olvidamos a Dios y decidimos seguir adelante por nuestras propias fuerzas, el agotamiento hace que igual abandonemos… si disponemos de la fe, y creemos con seguridad que Dios está en control, el resultado será distinto: habrá paciencia, habrá esperanzas, habrá nuevas soluciones porque: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” [Proverbios 3.5-6]
Por lo visto la persona cristiana, tiene la posibilidad de que a pesar de haber crecido en un entorno poco propicio a desarrollar resiliencia, una infancia con traumas que marcaron su personalidad… al nacer de nuevo será una nueva persona, sus traumas quedarán en el pasado, y resurge la adaptación a la nueva faceta que el Señor le ofrece. Dios no hace remiendos… Dios hace nuevo el carácter, modifica la personalidad, a tal punto que lo pasado queda borrado.
“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.” [Marcos 2. 21-22]

