Hola!
V
A propósito de la semana Santa.
Y vislumbramos la solución con la 3ra Ley:
Única dádiva, única provisión de Dios para el pecador: Jesucristo. Romanos 5.8, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Él murió en lugar nuestro, y resucitó. 1ra Corintios 15.3-6, “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos…”
Y además, Él es el único camino, Juan 14.6, “yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
El problema es que conocer estas tres leyes y aceptarlas intelectualmente no es suficiente.
La 4ta Ley resuelve dicho problema. Recibir de manera personal e individual a Jesucristo como Señor y Salvador para poder conocer y experimentar el Amor y el Plan de Dios para nuestras vidas.
Juan 1. 12, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
Mediante la fe, recibimos al Señor. Efesios 2. 8-9, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.«
A través del repaso de estás cuatro leyes, podemos descubrir, o re-descubrir cuánto y qué se «jugó» durante los acontecimientos que se celebran en «nuestra» semana Santa.
Unos días para recordar, rememorar la muerte y resurrección de Jesús… y otra oportunidad para re-encaminar nuestra vida espiritual, sino es así … nuevamente fueron días de vana celebración.

