jueves 07/04/2022.

Hola!

IV

La Redención.

Veamos que nos presenta el Nuevo Testamento sobre la Redención. Los judíos esperaban al Mesías. Y los acontecimientos lo prueban: Primero, los pastores fueron testigos de que nació el Redentor, cuando el Ángel les dio las Buenas Nuevas. (Lucas 2. 8- 20) Y aquella profetiza, Ana… “Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” (Lucas 2.38) Ella va diciendo a todos de quién se trata, quien es el pequeño que está siendo presentado en el Templo.

Por delante de Jesús, iba Juan el Bautista predicando arrepentimiento, preparando aquellos corazones que debían recibir al Mesías, (Lee Juan 1) y Juan lo presenta ante los que le rodeaban: Cuando finalmente Jesús se presenta delante de Juan, el profeta dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1. 29).

Estaban cercanos los días en que debía presentarse al “Sustituto” para redención. El Cordero perfecto e inocente, moriría por su pueblo, en pocos años. El Mesías era esperado por su pueblo, aunque ese mismo pueblo  ciego que le siguió y vitoreo le negó y le crucificó, y en ello va desarrollándose la profecía y el Plan, era necesario que padeciera el Cordero.

“Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua.” (Lucas 22. 7) y la misma Palabra te puede responder a tus dudas: “En lugar de morir nosotros, Jesús muere en nuestro lugar y lleva sobre sí mismo nuestra culpa, nuestros pecados” (1ª Pedro 2:24).

Así pues, al derramar su Sangre en la Cruz, Jesucristo constituye  el último sacrificio, es el Cordero sin mancha, y todo cualquier otro sacrificio pierde garantías. Aquellos sacrificios de machos cabríos, becerros… que se realizaban en el antiguo Israel, ya pasaron, eran la sombra del verdadero sacrificio hecho por amor a todos, de forma gratuita, por Gracia. No por merecimiento… sino que lleva implícito un arrepentimiento personal, por eso quedamos liberados del yugo del pecado, y somos llamados a santidad.  

Cuando Jesús muere, se oscurece todo, absolutamente todo… pero cuando Jesús resucitó, trajo la Luz, la Verdad y la Vida a todo aquel que cree en Él.

La Redención tiene dimensiones pasadas, presentes y futuras:

“…que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 5. 12- 14)