viernes 25/03/2022.

Hola!

V

Cuidar de nuestra lengua.

¿Cómo debe cuidar su lengua un cristiano?

La intimidad con el Señor, permite la gracia en su hablar. Tus palabras expresarán la sabiduría del Señor, serán dulces, confortantes y de edificación, si tus ideas se nutren de su Verdad, si sus dichos son tus dichos, (y no por ser capaz de memorizar versículos bíblicos, que tambíen), sino porque tu corazón alberga su Palabra.

Aspectos a tener en cuenta:

Decir siempre la verdad. La lengua debe ser la herramienta para edificar, debe ser para consolar, alentar al afligido, para llevar la Nueva buena a los demás, para enseñar los asuntos de la vida cristiana.

La lengua es un medio para orar, alabar y glorificar a Dios.

Con la lengua podemos pacificar, donde hay rencillas, pleitos y contiendas debemos ser instrumentos de paz.

La conclusión nos la dice la Epístola de Santiago:

Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

[Santiago 3. 1-12]