jueves 24/03/2022.

Hola!

IV

También la lengua es una herramienta para el consuelo, nuestro hablar puede convertirse en la palabra de aliento y esperanza que necesita escuchar una persona afligida. Y, habrá ocasiones que el silencio y un abrazo bastarán para confortar, calmar, tranquilizar, aliviar o animar al necesitado.

Alguien dijo: El silencio es de oro, las palabras de plata. (Escritor Muhsin Al-Ramli). Y pienso que tenía razón.

De esto deriva el consejo: Si tus palabras no valen más que tu silencio, mejor quédate callado y no pronuncies palabra alguna. Pero si tienes que hablar, hazlo como si lo hiciera un siervo de Dios. Refleja en tu hablar que tu boca no contamina tu cuerpo, ni hará daño al que te oye.

Las expresiones extra verbales también son lenguaje, también ayudan a comunicarnos unos con otros. Hay que cuidar la gestualidad, las expresiones faciales y la forma de mirar a los demás.

Cuando una persona habla, sus palabras y su gestualidad serán el reflejo de su forma de ser, su comportamiento, sus emociones y el control o descontrol que tiene sobre ellas. Cuando un verdadero cristiano habla, el inconverso se da cuenta de que el Espíritu Santo habita en esa persona. Y ese es el fin de nuestro propósito del uso de las palabras y la gestualidad, que el mundo crea.

La gracia al expresarnos se va desarrollando según moldeamos nuestro espíritu, aprenderemos a decir palabras blandas y a gesticular y mirar de una manera más afable, respetuosa y comunicativa.

La mirada. Dicen que los ojos son el espejo del alma, y es muy cierto; así que puedes expresar, por ejemplo, palabras de ánimo y consuelo, entretanto con tu mirada estás expresando que es increíble lo que dices, que lo dices por salir del paso, o por vano consuelo, porque realmente ni hay solución ni habrá consuelo, ó no te crees realmente lo que dices y la persona a quien te diriges pensará que eres un mentiroso, pues no hay armonía entre el decir y el mirar. He ahí la importancia de hablar la verdad, a veces dolorosa o inesperada. Para eso están las palabras amorosas y de respeto al dolor ajeno. La dura verdad no hay que decirla duramente, hay que decirla con amor.

La gestualidad que acompaña a las palabras, denunciará la sinceridad que se siente, revelará cuan  cierto es lo que expresamos, habrá un sincronismo en la palabra expresada y en el gesto dudativo o no que se ve en nuestro rostro. La sencillez que acompaña a las palabras enfatiza el sentido que se les quiere dar, no es válido las falsas sonrisas, los movimientos de manos exagerados, entornar  los ojos de forma deliberada o artística… porque todo ello anuncia falsedad o hipocresía.

“Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad.” [Lucas 11. 39]

Por eso, si en tu corazón abunda lo bueno, no tendrías que disimular limpiando el “vaso y el plato,” simplemente exteriorizarás sanamente lo bueno que atesoras.