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III
Cuidar de nuestra mente.
Entonces, llegamos a la conclusión que debe haber un uso correcto de nuestra mente, de nuestros pensamientos; algún beneficio habrá en ello, y sí lo hay. Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y somos seres racionales, significa que la revelación racional que nos da a través de la naturaleza y en las Escrituras es para que nos detengamos y estudiemos ambos. Que nuestros pensamientos sean eco de las Escrituras bíblicas, es una manera de Glorificar a Dios, un primer beneficio.
“Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas.” [2ª Timoteo 2. 23]
Si nuestra mente conoce el temor del Señor, hay argumentos para que nuestros pensamientos sean justos y sanos, además con los argumentos también podemos evangelizar, como mismo lo hacían los apóstoles: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres”(2ª Corintios 5.11), es decir, los argumentos no son incompatibles con la fe, la obra del Espíritu Santo, recordemos a Pablo que puso su confianza en el poder del Espíritu Santo, pero no por eso dejó de pensar y argumentar. Y para argumentar hay que conocer las Escrituras. La fe, entonces no sólo es un don, sino que es la confianza razonable, es el ejemplo de que Dios nos guía.
Otro beneficio es que nuestra vida cristiana se enriquece en nuestro discipulado, que no será posible sin el uso adecuado de nuestra mente, un discipulado basado en un propósito verdadero, es porque está anclado a la Palabra, “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” [Mateo 22: 37] No dice tus sentimientos, tus emociones, tu fuerza, y ya… dice que los pensamientos son el fruto de que tu mente ama a Dios.
“No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti.” [Salmos 32. 9] Este versículo disipa dudas, tenemos entendimiento, y hay que darle uso.

