miércoles 09/03/2022.

Hola!

III

La imagen de Dios en nosotros es precisamente la Paz espiritual y de convivencia, amar al otro como a sí mismo resume los mandamientos, por esto es necesario luchar por la paz, para mantenerla y sostenerla entre todos. Debe haber una responsabilidad personal y colectiva para trabajar por la paz entre todos.

La guerra en sí misma no es buena, sin embargo no debemos temer porque el Señor dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” [Juan 16. 33] La aflicción es real, la estamos mirando de frente, y es probable que nos provoque tristeza y lamento. El lamento es necesario, por lo injusto de la violencia, cuando personas son expulsadas de sus hogares, maltratadas, pisoteadas por malvados e insensatos, es motivo de sufrimiento. Ver morir a inocentes por la concupiscencia de otros causa dolor, y ahora es el momento de hablar a Dios en oración sobre estas penas, orar por el que sufre es esencial, es bueno para nuestros corazones y es la mejor forma de apoyar a las victimas de terror de una guerra sin fundamento. No es admisible una aceptación insensible de los daños que emergen de una guerra. *

No olvidéis que Dios ama y protege a los inocentes: “para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y no seas culpado de derramamiento de sangre.” [Deuteronomio 19. 10] Ante el mal inevitable, no se tiene que ser pasivo, sino fiel.

Existe el mal, todos lo hemos experimentado de una u otra manera, y la guerra es una de sus facetas, ¡no comprendemos el mal!. La guerra destruye civilizaciones, anula la prosperidad y acaba con la tranquilidad de los agredidos y trae consigo sufrimiento e inquietud, por supuesto que es incomprensible desatar una guerra sin más. Más Dios no dejará impune el mal, ni la muerte de los inocentes, “Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.” [Génesis 4.10]

Podemos anclarnos en esta Palabra:

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” [Salmos 73]