miércoles 09/02/2022.

Hola!

III

Parábolas de Señor.

¿Qué o quién es la Viña? No cabe a dudas, es Israel, es el pueblo del Dios vivo.

«Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel.» [Isaías 5.7a]

¿Quién es el dueño de la viña?

Dios es. Él plantó la viña (la escoge, la crea y fomenta), la cercó (para protegerla), la adornó (gratificó la viña) y puso una torre (la torre desde donde se vigila el viñedo), y construyó un lagar (un depósito que con frecuencia se excavaba en la roca, para exprimir sobre ella las uvas, el fruto), ¿Y para qué Dios, el dueño, hizo todo esto?: para que diera fruto en su tiempo, un fruto valioso.

Sin embargo… los labradores (los campesinos que recibían en alquiler el terreno, con la condición de entregar al dueño cierta parte del producto) de esta Viña, no fueron fieles… desconocieron a los siervos, los que vinieron a dar la Palabra del Señor de la Viña, les echaron… ignoraron su mensaje, así pues los labradores malvados representan a los Sumos sacerdotes, fariseos, escribas y legalistas de aquel momento, los siervos a los profetas que fueron desacreditados cada vez que intentaban dar la Palabra de Dios, a un pueblo rebelde y orgulloso.

Desafiaron tanto al dueño de la Viña, que éste decidió enviar en su nombre al hijo, al cual debían respetar los labradores, pero no, concluyeron que lo mejor era deshacerse del heredero, no fuera a quitarles el «poder» y lo perdieran todo.

Ese hijo, no es otro que el Señor Jesús, a quien en su momento encontraron la forma de quitarle de en medio, sin tener en cuenta que justo esa era su encomienda, ser el sacrificio perfecto, el cordero sin manchas, quien limpiaría de pecado a los que le reconocieran. La muerte de Jesús ocurrió en las afueras de Jerusalén, como mismo mencionó en la parábola: «Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.» [Mateo 21. 39]

«Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.»
[Hebreos 13. 11- 12]