miércoles 26/01/2022.

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III

Parábolas del Señor.

Ahora, luego de todo el planteamiento sobre lo imprescindible del arrepentimiento, llega la parábola sobre un árbol estéril.

Esta parábola se relaciona directamente con el pueblo de Israel, largamente beneficiado por la paciencia y benevolencia de Dios, y llegó un momento en que sería cortado. Pero, la enseñanza va más allá de la descripción de la falta de fruto del pueblo de Israel, tiene una aplicación personal y una aplicación para el Cuerpo del Señor, la iglesia.

Un árbol en la Biblia es el símil para comparar nuestra vida. Salmos 1.3

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.”

Leed también: Isaías 56.3/ Jeremías 17. 7-8

Habían tres árboles importantes en la vida del pueblo de la Palestina bíblica, Olivos (aceitunas), Vid (uvas ) y Higuera (higos), daban los frutos más apreciados para la alimentación.

La higuera es un árbol que puede crecer de manera silvestre.

Resiste condiciones climáticas extremas.

Su crecimiento es mediano. Es decir, desde los tres metros. Pero no supera los diez de altura.

Posee una copa muy ancha y tupida. Sus frutos aparecen de forma tardía, hasta después de 6 años puede ser y suelen comenzar entre el follaje de sus hojas y hay que acercarse para verlos.

En la parábola de Jesús se describe un árbol plantado dentro de la viña de su dueño, y éste esperó prudencialmente tres años para descubrir los frutos del árbol, pero nada se podía aún cosechar.

¿Había un problema con la higuera? Fue plantada para crecer y dar frutos, lo cuál no sucedió. Ya no había razón de ser para ésta higuera. ¿Qué dijo su señor? Pues, si no vale, que no ocupe sitio en balde, habrá que quitarla de en medio.