jueves 06/01/2022

Hola!

IV

Somos muy tolerantes con la vida de pecado, eso nos separa de Dios, eso nos incapacita para reconocer a Jesús como el Verbo encarnado… ese redentor que se humilló y se hizo hombre para acercarse físicamente a la humanidad… y aún así, es evidente nuestra tozudez al respecto.

Pablo dice:

…el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,

sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” [Filipenses 2: 6- 8]

De aquí sacamos una cosa en claro: sólo hay una razón, el Amor soberano de Dios, pues si de nosotros dependiera… como dice el salmista, “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, y el hijo del hombre para que lo cuides?” [Salmos 8:4], no llegaríamos nunca a “buen puerto.”

Sólo por Gracia, algo inmerecido nos ha sido entregado: la Salvación, por medio de la encarnación del Verbo. Cristo se hizo hombre, y cumplió el propósito totalmente al morir por nosotros, eso nos redime de pecado, de esa condición caída que nos aleja de Dios, Él nos saca, vino para darnos una vida nueva, vida en abundancia, vida eterna.