Hola!
XV
Las parábolas del Señor.
Esto es una enseñanza: hay «gente perdida» por que están alejados literalmente de Dios, tanto física, espiritual como mentalmente; muchos otros que permanecen cercanos físicamente a Dios, o digamos a la casa de Dios (Iglesias, religiosidad)… ellos tienen una condición distinta, pero también son «gente perdida.» ¿Usted ha advertido que las personas religiosas, superficiales, legalistas extremos, seguramente siente celos o envidía de aquellos pecadores que abiertamente dan rienda suelta a sus deseos pecaminosos, que comparten las mismas iniquidades, lujurias u otro cualquier impulso carnal, en su fuero interior, sólo que son incapaces de delatarse y confesar y pedir perdón al Dios misericordioso? Pero, aparentar es una norma de vida para los sepulcros blanquedos, es importante darse a conocer como perfectos, cumpliendo rituales religiosos, ¡exteriorizar su labor es lo más!, y lo que supuestamente debían hacer es precisamente lo contrario, servir sin ningún tipo de manipulación, ni esperar ganacias secundarias, y no quejarse que no han recibido por sus actos ni siquiera «un pequeño cabrito.»
Así que cuando entra en escena el hijo mayor que se niega a participar del jolgorio festivo por el regreso de su pequeño hermano, se evidencia para los fariseos y escribas que aparece un personaje «cuerdo,» uno que no quiere participar de la vergüenza de no castigar al hijo pródigo. Para los fariseos y escribas el hijo mayor representaría lo correcto en una situación extrema como la que relata el Señor Jesús, ellos se ven representados por el hijo mayor, y ciertamente ese es su significado en la historia que se relata.
Así se desnudan los legalistas cuando se sienten ofendidos: Les brota la amargura, no admiten su pecado, sacan en cara a Dios: – ¡He estado años guardando tus mandatos, he estado años sacrificandome, he estado sirviendo y haciendo que otros te siervan también… pero no he tenido un reconocimiento público como este hijo tuyo pródigo! – (y se comparan con aquellos que reciben bendiciones de Dios, luego de no merecerlas según su propio juicio)… entre tanto siguen en el mismo «escalón» por años, y esto los entristece y deprime, dramatizan al respecto.
El hijo mayor quería un reconocimiento, regodearse y disfrutarlo, pero sólo en compañía de sus amigos, es decir, los que pensaban como él, los que eran de su corrillo, de su circulo privado y «superiror.»
«… He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.» [Lucas 15: 29b]

