Hola!
Las Parábolas del Señor.
XIII
Y el padre continúa dando muestras de regocijo al recibir a su hijo. Un abrazo, besos por su cabeza, y más.
«Pero el padre dijo a sus siervos: – Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.» [Lucas 15: 22]
«Pero,» es una conjunción adversativa, es decir, permite entender en el contexto, que el padre hizo caso omiso ante las súplicas del hijo arrepentido, porque ya de antemano sabía que su hijo se había arrepentido, y le dió perdón público, demostrándolo al indicar a los siervos que le vistiesen, calzaran y pusieran un anillo, todo en señal de recuperación de su estatus como hijo.
Generalmente la persona que ha pecado, más aún con conocimientos de la Palabra, se siente relagada por Dios, se auto flajela, porque no hay una mirada hacia el Dios generoso y amoroso, y en ésta parábola Jesús expresa cúal realmente es la posición de Dios cuando un hijo arrepentido vuelve.
El padre hace objeto de su gran generosidad pasando por encima de cualquier duda que pudieran tener los entendidos sobre el «pagar ofensas.»
Vestirle con las mejores vestiduras y túnicas para restituir su dignidad (recordad que vivío entre cerdos.); el colocarle calzado, en la época no era usado por cualquiera, sino por aquellos que tenían resposabilidades, ni los esclavos ni jornaleros los llevaban. Y el anillo, no sólo valía como joya en sí, un lucimiento… un anillo denotaba autoridad, con los anillos se firmaban documentos oficiales e importantes, es decir, este hijo el padre le otorga volver a tener la autoridad en las cosas de su padre.
Un estatus de hijo total, en cualquier sentido, ¡sobre abunda la Gracia sobre el pecado.!
– Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; [Lucas 15: 23]
El becerro gordo, no fue cualquier becerro, fue el que se guardaba y engordaba para las grandes ocasiones, tal vez la boda del hijo mayor, tal vez para festejar algún asunto transcendental. Hoy es celebrar por todo lo alto una fiesta en honor al que regresó.
El por qué de tanto desenfado, de «tirar la casa por la ventana,»
… porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. [Lucas 15: 24]

