viernes 26/11/2021

Hola!

X

Las parábolas del Señor.

La historia hasta aquí ya es bastante rara para los oyentes fariseos… un hijo menor exige su herencia… un padre y hermano mayor que no defiende su honorabilidad, el joven despilfarra todo… y, ¿tiene la idea de regresar? ¡Vamos a ver, esto es de locos! Aún pensarán, bueno el padre ahora le dará un buen escarmiento a este joven malcriado y sin valores honorables. Pero, se llevaran otro chasco los fariseos.

«Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre.» [Lucas 15: 19 – 20a]

Esta era el discruso que preparó el hijo:  «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.» [Lucas 15: 18b] Claramente reconoce dónde está, en el fondo, cometió un pecado tan alto como el cielo, tan profundo que sólo la esperanza en un padre misericordioso, tardo para la ira (Éxodo 34: 6; Joel 2: 13; ) podría restituir la posibilidad de volver a la vida.

Dispuesto a ser tratado como jornalero, en arrepentimiento verdadero, dispuesto a pagar el precio, sea castigo, humillación, trabajo duro… daba igual, añora la reconciliación, no demandará ni privilegios, ni derechos, sólo misericordia.

La siguiente escena, es el colmo… sucedió lo inesperado para los oyentes, algo que mueve a ternura a personas de buen corazón, el padre, estaba esperando a su hijo, al parecer cada día vigilaba el camino, cada día pendiente del regreso de su hijo menor, y lo vió de lejos, y corrió hacia él, ni le abofetió, ni lo humilló, sino que le abrazó y besó. Menudo chasco para los oyentes.

«Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.» [Lucas 15: 20b]

Ahora que el hijo entró en razones, regresó, pidió perdón, pues ahora el padre tenía la oportunidad de «halarle la oreja,» ahora toca resarcir el honor… el padre tenía que responder de una manera justa, debía hacer justicia. Y, por el contrario, le abrazó luego de salir a su encuentro. No hubo días de espera para que el hijo pudiese hablar con ese padre encolerizado y honorable, no hubo escándalo, ni bofetada ni siquiera le envió a algún lugar apartado a penar por su error. No, salió a su encuentro, le abrazó y besó.

Los rabinos enseñaban que no hay reconciliación sin restirución, por tanto lo que tocaba, en una situación como la que se describe en la parábola, era simplemente hacer que el muchahco además de decir su arrepentimiento, fuese relegado a un castigo por un largo tiempo, a pagar con trabajo duro y aislamiento paternal una alta cuota de castigo por el mal cometido.


21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.